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Adiós a una actriz sensible

María Vaner, hermana de Norma Aleandro, falleció ayer. Su última actuación fue en "La mujer sin cabeza", de Martel. Fue la protagonista de "El romance del Aniceto y la Francisca", de Favio.



María Vaner, hermana de Norma Aleandro, ex esposa de Leonardo Favio y dueña de una extensa trayectoria en la escena, la tevé y el cine nacionales, falleció ayer en Buenos Aires a los 73 años.

María Aleandra Robledo, personal y sensible intérprete que trascendió internacionalmente gracias a una importante presencia en el cine, nació en España el 23 de marzo de 1935.

No se conocieron oficialmente los motivos de su deceso, aunque trascendió que se encontraba internada en el Sanatorio Mitre, a causa de un cáncer de larga data, según dijeron a esta agencia en la Asociación Argentina de Actores.

Hoy, sus restos serán inhumados a las 9:30 en el panteón de la institución en el Cementerio de la Chacarita.

Vaner había comenzado su carrera cinematográfica hace exactamente medio siglo con "El secuestrador", de Leopoldo Torre Nilsson, protagonizada por Leonardo Favio, que a la larga iba a ser su marido.

La trayectoria de la actriz abarca unos 50 títulos aquí y en España, y se redondea con "Cara de queso (mi primer ghetto)" (2006), de Ariel Winograd, y "La mujer sin cabeza", de Lucrecia Martel,que aún no estrenó en el país aunque tuvo su avant premiere en la lujosa vidriera de Cannes.

 

Los ojos que encandilaron

 

A principios de los 60 era uno de los rostros más sugestivos de la pantalla nacional y sus profundos ojos negros encandilaron a varios directores: David José Kohon en "Tres veces Ana" (1961) y "Prisioneros de una noche" (1962) y Rodolfo Khun en "Los jóvenes viejos" (1962) fueron algunos.

Otros que cayeron bajo sus encantos fueron René Mugica ("El octavo infierno", 1964) y Fernando Ayala ("Primero yo", 1964); un año antes, ella y Lautaro Murúa habían prestado sus voces para "Un largo silencio", cortometraje del jovencísimo Eliseo Subiela.

Sin embargo, la carrera de la actriz dio un vuelco cuando se vinculó sentimentalmente a Favio, con quien rodó "Crónica de un niño solo" (1965) y protagonizó "El romance del Aniceto y la Francisca..." en 1967.

Su papel en ese último título es uno de los más sensuales que ha conocido el cine argentino.

La pareja tomó estado público, tuvo dos hijos y como Favio además cantaba, ella no se quedó atrás y a principios de los años 70 lanzó también ella un LP que contenía tangos clásico, como "Cambalache", "A media luz"-y un tema, "El que me hizo debutar", versión beat del tango "Guapo sin grupo", de Salvador Merico y Manuel Romero.

 

De regreso a España

 

La separación con Favio significó otro vuelco en su carrera. Y a ello se sumó una amenaza de muerte de la Triple A que la obligó a volver en 1974 a España, donde ya estaban por el mismo motivo Héctor Alterio, Luis Politti y Marilina Ross, entre otros argentinos.

Regresó al país en 1983 y al año siguiente protagonizó "Heroica de Buenos Aires", de Osvaldo Dragún, en el teatro Del Globo, además de ofrecer clases de actuación, canto y danza, cosas que ya hacía y le permitieron sobrevivir en la madre patria.

Escribió cuentos y poemas, actuó también en "Feliz año viejo", de Marcelo Rubens Payva, dirigida por Rubens Correa, fue docente de actuación en la Escuela Superior de Cine y comenzó a preocuparse por la ecología.

El cine volvió a convocarla para "En retirada", de Juan Carlos Desanzo y "Darse cuenta", de Alejandro Doria, ambas de 1984, en una lista que incluye "Adiós, Roberto" (1985), de Enrique Dawi, "Los insomnes" (1986), de Carlos Orgambide, y "Sentimientos: Mirta, de Liniers a Estambul" (1987), de Jorge Coscia y Guillermo Saura.

También tuvo algunas intervenciones en TV -"Valeria", "Alas, poder y pasión"-, planeó guiones que no llegaron a filmarse, estuvo en pareja con el legislador socialista Alexis Latendorff y se reconcilió con su hermana Norma Aleandro, de quien estuvo alejada durante años. (Télam/AR)


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