Adrenalina en el aula

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Uno no se imagina a los intelectuales de su categoría vestidos así, de negro riguroso al estilo de los “Hombres de negro” o de los peligrosos protagonistas de “Perros de la calle”, ni hablando de ese modo, tan sueltos de cuerpo, de la vida, la política, el arte y la filosofía de vivir. ¿Bohemio del siglo XXI? ¿Neo-punk formado en las bibliotecas del mundo? ¿Intelectual incorrecto de las universidades argentinas? Todo puede ser.

José Zambrano tiene más la estampa de un rocker recién salido del recital, groupie incluida, que la de un ratón de biblioteca. Pese a ello, Zambrano, un intelectual sobresaliente y distinto en un panorama nacional hoy por hoy tan amante de las pulcras conductas mediáticas, se ha comido varios miles de tomos.

Su mirada es aguda y hasta cierto punto gratificante. Zambrano es una mezcla extraña, explosiva, de filósofo cínico y bajista de los “Sex Pistols”. Con tal prestancia, el respetado maestro da cátedra de Filosofía de la Cultura a sus alumnos de la Universidad de San Martín, provincia de Buenos Aires. Dicen que del aula salen con la adrenalina alta.

A lo largo de su vida, extensa más por sus innumerables experiencias que por sus años -que llegan a 40-, Zambrano ha conocido muchas geografías emocionales y físicas. Vivió el exilio cuando en Chile se agotaban los últimos años de la dictadura, y en Buenos Aires a fines de los '80 recomenzó su vida. Hizo una carrera destacada en la Universidad de Buenos Aires, primero en Historia y luego en el Máster de Comunicación Institucional, que lo puso en contacto con una fauna definitivamente singular: el marketing político.

Este pensador de caminos poco concurridos, exacto y alternativo, fue, por ejemplo, quien hace unos años nos introdujo a Michael Houllebecq a través de un exquisito artículo publicado en el diario “Río Negro”. Otro muchacho inconforme que va haciéndose camino al andar. (CA)

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