Adultos en discordia, niños en soledad

Escasa elaboración de las separaciones en los padres traen como consecuencia sufrimiento en los hijos.Por Lic. Laura Collavini



Las familias han cambiado su estructura. La familia tradicional de mamá, papá, hijos viviendo bajo el mismo techo no es la única forma de vida actual.

Viéndolo desde la óptica de los niños vemos que ellos viven bajo diversas realidades y no siempre está la presencia de ambos progenitores. Los niños muchas veces viven ante: padres separados luego de una convivencia importante (casados o no), padres que nunca convivieron. Abuelos que cumplen funciones de padres. Hijos que cumplen funciones de padres. Padres juntos y con mala relación. Niños que no conocen a sus padres.

 Madres o padres que se hacen cargo de sus hijos solas con mucho sufrimiento pero satisfacción. Padres que no desean ver a sus hijos. Madres que culpan al padre de todo. Papás que son súper papás. Mamás que dejan a sus hijos.

Familias ensambladas. Los míos, los tuyos, los nuestros.

Mil historias y formas.

En estas historias resueltas por adultos en muchas ocasiones los niños sufren en soledad. Porque no siempre hay una anticipación acerca de la vida de ellos, de lo cotidiano.

Es que a ellos poco les importa quién paga su comida, el alquiler o crédito, el colegio y su ropa.

En el ser niño no está el interés esencial por la cantidad y calidad de la vestimenta, las comodidades o el mayor saber.

Al hijo no le importa demasiado quién se ocupa más de él porque no mide el amor en términos de competencia.

Esa mirada es la adulta. La que pone como trofeo al amor filial y recuerda poco las necesidades de un ser en desarrollo.

Es que el adulto en muchas ocasiones mide con necesidades supuestas del hijo los conflictos no resueltos individuales y de la pareja. Confunde el rumbo, porque pierde el eje. Es que el deber y derecho de papá y mamá es estar con su hijo. Ofrecerle lo mejor que pueda para su bienestar físico y psíquico. Ese el eje. Si al adulto le enoja que la pareja no funcione, que él se haya ido con otra o que no pase lo que corresponde en la mensualidad es un problema de los adultos.  

“Que se de cuenta quién es el padre, yo no lo cubro más”. “No le paso más plata, es una yegua”. “Ahora no dejaré que vea a los abuelos, lo lamento mucho”.

“Claro, a mi me toca ser la bruja, a él lo ve sólo para pasarla bien”.

Argumentos desde el resentimiento, que pone en evidencia lo que no se puede resolver internamente. “qué haga lo que quiera de su vida, a mí que me importa, pero con mi hijo no.”

Los niños merecen todo. Y todo es un entorno donde los adultos resuelvan para que el camino sea despojado. Para que transcurra la propia historia. 

No tapar la angustia con cosas materiales y pececitos de colores. Merecen un papá y mamá que puedan sentarse a conversar por el bienestar de ese ser. Que puedan buscar ayuda en profesionales de la salud mental, en amigos que puedan acompañarlos a buscar otro recorrido de armonía.

El niño observa claramente cuando los papás hacen el esfuerzo por él. Cuando pueden llegar a acuerdos su cabecita se unifica.  

Cuando no hay acuerdos y armonía se pierde niñez y gran parte de lo que ella debería encerrar. La despreocupación de lo obvio. Contar con techo seguro, con solidez de los afectos y la identidad que de ella se construye. Ser hijo, nieto, sobrino, primo y disfrutar de la fluidez de los encuentros.

Conocer las mejores comidas de la abuela y las salidas disparatadas del tío. Los juegos con los primos. Las mejillas coloradas y sucias de corridas hasta la noche. Caer rendidos sin preocuparse si mamá se va a enojar porque papá me llevó dos hs. tarde y no tener que ser papá de mi papá porque se olvida de llamarme.

Es que hay vacíos que no se llenan. Hay cicatrices que cierran feo. Hay fisuras entre los padres que los niños no pueden elaborar. Solo sufren en silencio. Se quiebran por dentro. Hay dos mitades. Aunque el papá no esté, aunque llame cuando se acuerde,

Se trasladan a problemas de aprendizaje, de conducta, sociales, físicos. El dolor sale a la luz como puede.

“Y…mi hijo tiene problemas porque su padre no se hace cargo…”

Muchas veces es cierto. Y también es cierto en ocasiones que a la madre le cuesta darle lugar. Las razones pueden ser muchas. Pero sucede a menudo.

No necesariamente un niño con padres separados debe tener dificultades. Pero lo cierto es que no todos los papás que deciden vivir separados tienen esto resuelto. 

Por cuestiones individuales o de pareja, no importa.

“Y bueno…le tocó esta vida”. Escucho a decir a muchos papás. Una vida que puede ser más amena si los papás abren sus cabecitas para que dar lugar a otra mirada.

Vida que también puede ser más agradable para un papá y una mamá que deben hacer lo mejor para modificar historias y para darse el permiso de ser ellos también confortables con sus elecciones.

Alguna vez me dijeron que una pareja que no logra llegar a acuerdos es una relación que no ha sido superada. ¿Será cierto?

  Papá no vino a buscarme. Otra vez. Mi mamá temprano me dijo que fuera a bañarme. Así lo hice. Estaba contento porque la otra vez mi papá me dijo que me iba a llevar al parque si estaba lindo. ¡Y hoy está precioso! No hace nada de frío y salió el sol. Después le voy a pedir si me compra un pancho. Pero que nos sentemos porque aunque no hablemos mucho a mí me encanta sentarme al lado de él. Es como que quiero ser como él cuando sea grande.

Lo esperé en la vereda un rato largo. Nada. No quería decirle a mi mamá que estaba triste y que tenía miedo que no venga porque iba a empezar a insultarlo y a decir esas cosas feas que dice cuando se enoja.

Ya sé, no es la primera vez. Pero yo no decidí que él fuera mi papá. Ella lo eligió. Por qué no se fijó antes si iba a ser un buen papá para mí. Yo no pedí nacer.

A mí tampoco me gusta que ella diga que hace lo que quiere y que viene cuando se acuerda o cuando esa con la que está lo deja.

No le voy a decir nada pero no me cayó tan mal. Es bonita y me sonrió. No sabía mucho que decir, pero yo tampoco. Me dio un caramelo de su cartera.

Mi mamá dice que le hace juicio porque no se ocupa de mí y que la plata no le alcanza. Dice que su hermano y su mamá son lo que no hay. Y después no quiero escuchar más pero qué sé yo…a mí me gusta estar con mi tío. Me divierto. ¡Y mí tía es buenísima jugando a la escondida! Pero los veo poco. No sé por qué. Me gustaría que me llamen más y que mi mamá no haga tantos líos con la plata.

Cuando llego no digo nada. Ni si me fue mal ni bien. Nada. A mi papá tampoco. Nada. Porque quiero recordar todo así, como se dio. Sin que nadie juzgue lo que hicimos. Ni mamá, ni papá.

Porque a mi papá no le gusta que mire tanta t.v. y se a discutir con mamá. Mejor me callo, si pregunta le digo, poco. 

 ¡Qué lindo sería que hablen!

A mí me dicen que tengo que hablar y no pegar ¡Pero cómo duelen a veces las palabras de los grandes!

¿No se darán cuenta que nos hacen mal?

Aunque me deje plantado el sábado a la tarde. Lo voy a seguir amando. Porque simplemente es mi papá. A mi mamá también la amo, con todo el corazón y el alma. Es la mamá más linda de todas. Aunque mi papá este con esa chica o con otra yo la voy a seguir amando siempre a mi mamá. Yo sé lo que ella hace por mí. La veo siempre.  

Voy a intentar hasta el cansancio que se lleven bien y que vuelvan a juntarse. Si no pueden vivir juntos auque sea que se miren y sonrían. Que hablen de mí con orgullo.

Quisiera saber cómo fue eso que algún día quisieron estar juntos. ¿Deberían estar contentos, no?


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