Ahora la ven más fresca, aunque envejecida



RANGÚN.- Los generales de la dictadura birmana encarcelaron una y otra vez a la líder opositora Suu Kyi durante los últimos 20 años. E intentaron de todo para quebrar la popularidad de la hija de uno de los héroes de la independencia, el general Aung: la difamaron, acusándola de traidora, la insultaron por haberse casado con un extranjero e incluso la presentaron como si de una criminal se tratara en un proceso considerado una farsa. Desde 2003 prácticamente lo único que ha visto han sido las cuatro paredes de su casa y la ama de llaves que se encargaba de ella. A pesar de todo, no se asusta de la multitud. La puerta de su domicilio permanece cerrada, pero pocos minutos después de que se conociera su liberación, su cabeza asoma al exterior. El júbilo que la saluda es ensordecedor. Suu Kyi observa a la multitud serena y satisfecha mientras la felicidad se refleja en su rostro cada vez que descubre a un amigo entre los congregados. “Los quiero”, decía con suavidad. “Es una euforia eléctrica la que hay aquí. Todo el mundo grita su nombre y dice ‘queremos a Suu’, según relató un diplomático occidental justo delante de la verja. “Se ve muy fresca, muy relajada, muy vivaz, muy sonriente. Tiene siempre toda su aura”. “Parece más vieja que antes. La última vez que la vi, era en 2002” estima Htein Win, otro joven militante del partido de la disidente. Aun cuando la “Dama de Rangún” volvió a su casa después de unos veinte minutos ante su público, sus partidarios, muchos de los cuales tienen camisetas donde puede leerse “De pie con Aung San Suu Kyi”, no abandonan por lo tanto los alrededores de la vivienda. “Esto es también la liberación del pueblo”, decían. (AFP y El Mundo)


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Ahora la ven más fresca, aunque envejecida