Al calabozo por tirarle un huevo al gobernador



NEUQUEN (AN-ACHM).- Alcides Millaqueo, un agente sanitario de Barrancas, pasó una noche en el calabozo de una comisaría del norte neuquino por arrojarle un huevo a la camioneta en la que se desplazaba el gobernador Jorge Sobisch.

El que recibió Millaqueo fue un castigo sin contemplaciones y con un claro objetivo ejemplificador dispuesto por la autoridad local, en el entendimiento de que el vecino, en un inconfundible acto de protesta ante la cercanía del gobernador, estaba alterando el orden en la vía pública.

Vecinos consultados por "Río Negro" en Chos Malal, Barrancas y de la Policía neuquina no sólo reconstruyeron lo sucedido sino que confirmaron que Millaqueo permaneció detenido por una contravención. Le aplicaron dos artículos, el 50 y el 55, referidos al desorden público, dijeron las fuentes que aceptaron hablar con este diario.

El huevo que arrojó el vecino no alcanzó a ensuciar la impecable vestimenta del gobernador, aunque sí dejó la marca en la camioneta Grand Cherokee en la que viajaba. El incidente se produjo el domingo, en oportunidad de la visita del gobernador a la localidad que celebró el trigésimo segundo aniversario de su fundación.

Millaqueo fue detenido inmediatamente, pero en el destacamento policial de Barrancas no había lugar para alojarlo porque la capacidad estaba agotada: ya había un preso y en el pueblo no hay más espacio que para un interno. Por ese problema de infraestructura, Millaqueo fue trasladado 45 kilómetros y alojado en la comisaría de Buta Ranquil, donde pasó la noche y debió esperar a que saliera el sol para recuperar su libertad. Mientras esto sucedía con el manifestante, el intendente de Barrancas, Juvenal Urrutia, comprometía, en un encendido discurso ante su comunidad, su apoyo incondicional a la candidatura presidencial de Sobisch, según dice la gacetilla de prensa que difundió la la gobernación neuquina al finalizar la ceremonia.

La información oficial omite el incidente, pero en cambio divulga promesas del gobernador referidas a obras de gas natural, una escuela secundaria y la ampliación del hospital de la localidad. Barrancas es un pueblo donde viven poco más de mil habitantes, las líneas de teléfono no llegan a cien y donde la única cara desconocida es la de un turista.

No es la primera vez que Sobisch tiene que enfrentar protestas de vecinos en el interior, además de las frecuentes que ocurren en la capital.

El gobernador ha pasado malos momentos con mapuches en el sur, con estatales, en esta capital y también en el sur, y con vecinos en Rincón de los Sauces, entre otros.

Uno de los hechos más recientes fue antes de las últimas elecciones, cuando Sobisch fue agredido, cerca del local de ATE, al salir de su dentista. Ese episodio ocurrió el 18 de setiembre del año último y el gobernador sabía que a la misma hora que tenía turno con el médico, los estatales se concentraban para realizar una movilización. Al igual que lo ocurrido en Barrancas el domingo último, ese jueves de setiembre el gobernador también recibió huevazos.

Nota asociada: Dos miembros de la comitiva de Sobisch murieron en un vuelco  

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