Alan García, bajo la lupa en Perú



Fundado el 1º de mayo de 1912 por Fernando Emilio Rajneri Registro de la Propiedad Intelectual Nº 945.035 Director: Julio Rajneri Codirectora: Nélida Rajneri de Gamba Editor responsable: Ítalo Pisani Es una publicación propiedad de Editorial Río Negro SA – Viernes 5 de agosto de 2011

El salto hacia adelante que Perú experimentó durante la segunda gestión presidencial de Alan García, que acaba de culminar, es claro e innegable. Por esto, el regreso al poder del líder más importante del APRA actual lo ha reivindicado políticamente, si de comparar lo sucedido con su desastrosa primera gestión se trata. Después de haber iniciado su labor presidencial en el 2006 con un 63% de aprobación, Alan García llegó a obtener apenas un 19% a fines del 2008, para cerrar ahora su desempeño con un muy saludable 42%, que debe tenerse como un interesante capital político, si de procurar en el futuro un tercer mandato se trata. Para comparar la imagen presidencial de Alan García con la de otros poderes del Estado peruano basta advertir que al Congreso, según una encuesta reciente de El Comercio, de Lima, tan sólo lo aprueba un bajísimo 15% de los peruanos y al Poder Judicial, por su parte, un también sumamente magro 17%. Los niveles socioeconómicos más altos de la población registran un alto porcentaje de aprobación para Alan García, del 62%. Los más bajos, que en cambio no se sintieron incluidos, uno de apenas un 29%, con una desaprobación del 65%. Por esto el triunfo de Ollanta Humala. En el principal centro urbano, el de la ciudad de Lima, la aprobación para Alan García supera nítidamente el promedio nacional, desde donde cuenta con un saludable 48%. Lo mismo ocurre en el cada vez más dinámico y floreciente norte del país, esencialmente agrícola, donde el APRA es –y ha sido históricamente– particularmente fuerte. Quienes ahora aplauden a Alan García ponderan particularmente su acción en materia de mejoras a la infraestructura y el buen manejo de la economía, muy especialmente lo actuado en el plano de las exportaciones y del turismo, ahora pujantes, así como la obvia rectificación de los gruesos errores que cometió en su mentada primera gestión de gobierno. Quienes lo atacan, en cambio, apuntan a la ola de corrupción que creen existió durante su gestión y a la falta de un clima medianamente aceptable en materia de seguridad personal. Parte de un creciente drama regional, ciertamente. Para ponderar adecuadamente lo sucedido en la gestión de García es necesario apuntar las mencionadas mejoras visibles en materia de infraestructura. Además, la generación de empleo; el clima de libertad de prensa y la reducción de la pobreza. No es poco. Por todo esto, el 46% de los peruanos sospecha hoy que la carrera política de Alan García no ha terminado aún y cree que podría volver a procurar la presidencia de su país. Veremos, el tiempo dirá. (*) Analista del Grupo Agenda Internacional

GUSTAVO CHOPITEA (*)


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