Alegatos por el crimen de un empresario

Una medida de último momento que fue ordenada por los jueces: suspendieron los alegatos previstos por el crimen del empresario barilochense Alejandro Healy. Los mismos se llevarán a cabo hoy a la mañana. El forense entregó ayer su informe, en donde descarta que sólo una persona haya podido dar muerte a la víctima. Un mayor y un menor están detenidos.



SAN CARLOS DE BARILOCHE (AB).- La Cámara Primera del Crimen realizó un nuevo debate por el homicidio del profesional hotelero Alejandro Healy, también vedado a la prensa, pero los alegatos fueron suspendidos hasta esta mañana porque el tribunal ordenó una medida de prueba de último momento.

Ayer por la tarde presentó su informe el forense Leonardo Saccomanno, quien ratificó las conclusiones que ya había expuesto al realizar la autopsia. Para el profesional, la talla y el peso de la víctima -1,86 metro y 90 kilos- no permitiría que solo uno de los imputados lo haya asesinado, sobre todo teniendo en cuenta que ninguna de las puñaladas había sido mortal. También señaló que la víctima presentaba una esquimosis en la región tiroidea, compatible con la utilización de corbatas para sujetarlo, que fueron encontradas con sangre junto al cuerpo. Frente a esas conclusiones, los imputados aparecen con un físico menudo, no mayor a 1,70 metro y 65 kilos de peso.

Los imputados en este homicidio que conmocionó a la ciudad son Marcelo Sepúlveda, de 23 años, y R.S., un joven delincuente que ya cumplió 18 años, pero está en libertad porque era menor al momento del crimen.

La causa se originó entre las 2 y las 3 del domingo 28 de junio de 1998, en el centro de la ciudad, cuando los imputados acompañaron a Healy hasta su domicilio, ubicado en la Península de San Pedro. Esa mañana, el Renault 9 de Healy apareció totalmente quemado en el kilómetro 13 de la ruta 258, pero el crimen no lo descubrieron hasta el 2 de julio.

La policía descubrió que el profesional había recibido 31 puñaladas, le faltaba una mano y tenía el abdomen desgarrado.

Los investigadores barajaron la hipótesis del robo, porque de la casa faltaban abundantes objetos de valor, pero la saña con que fue ejecutado el homicidio también los hizo presumir una venganza o torturas para lograr algún fin.

Las llamadas efectuadas desde el celular de Healy orientaron la pesquisa y el menor R.S. fue detenido pocos días después en la vivienda de Jacobacci donde se ocultaba. Tenía antecedentes y ya había sido declarado responsable por un robo con armas, pero seguía en libertad porque presuntamente tenía una buena contención familiar.

Marcelo Sepúlveda también fue identificado de inmediato, pero permaneció prófugo hasta el 8 de junio de 1999, cuando lo detuvieron en el barrio Alto.

Los imputados reconocieron que habían estado en la casa de Healy y su participación en el robo y la destrucción del auto, pero se acusaron mutuamente por el homicidio. Sepúlveda dijo que el menor había ingresado a una habitación con Healy en tanto él preparaba los elementos que iban a robar. Agregó que había escuchado gritar a R.S., y que al asomarse a la habitación lo vio sobre el cuerpo de la víctima, mientras lo apuñalaba.


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