Análisis: Boudou otra vez preso, ahora sin cuestionamientos

Walter Curia

Acaso el último consuelo de Boudou esté en lo que sucede en estas horas en otros de los pisos de los tribunales de Comodoro Py, donde acaba de ser condenado por la apropiación ilegal de la imprenta de billetes Ciccone. El escándalo de los cuadernos de la corrupción que allí se investiga podría tener un efecto “igualador” para el ex vicepresidente. El vértice de ese expediente es Cristina Kirchner.

Sería una falsa impresión. Aún ante lo que parece confirmarse como un esquema de sistematización de la corrupción durante la era kirchnerista, e incluso siendo el primer vicepresidente condenado por corrupción, Boudou es un paria dentro de una clase política sospechada.

Lo que diferencia a Boudou ha sido tal vez el grado de impunidad del que hizo muestra durante su explosiva carrera política. Su altivez y falta de pudor. Incluso su indignidad. Es un hombre que ya hace mucho tiempo se ha condenado a sí mismo.

Pero el ex vicepresidente apeló a los mismos argumentos de defensa que viene empleando la doctora Kirchner. Denunció que es víctima de un plan de persecución política contra los ex funcionarios del kirchnerismo. Ayer ante los jueces habló de una “revancha de clase” del macrismo y dijo que no se le perdonaba haber impulsado la liquidación del sistema de jubilación privada, entre otras decisiones que llamó “actos de justicia” y atribuyó a su gestión en el ministerio de Economía. Tuvo la osadía incluso de comparar su caso con la detención de Lula en Brasil.

La victimización de Boudou no conmueve a nadie. La causa por la que se condena hoy al ex vicepresidente con el máximo de la pena se remonta a seis años atrás, en pleno auge de su poder político. El vicepresidente no tuvo ninguna timidez en esos años en emplear ese poder para separar de su cargo a un Procurador, Esteban Righi, un hombre histórico del peronismo y al juez y al fiscal de la causa, Daniel Rafecas y Carlos Rívolo.

Boudou ya estuvo bajo prisión preventiva durante 70 días por una causa por enriquecimiento ilícito, a raíz de una controvertida decisión del juez Ariel Lijo. Ya fue visible entonces su aislamiento. Desde hoy cumple prisión efectiva y fue inhabilitado a perpetuidad para ocupar cargos públicos. Conoceremos en breve los fundamentos del fallo. Pero no hay quien pueda cuestionar esta vez el procedimiento.

El fallo de ayer alcanza al empresario Nicolás Tadeo Ciccone, condenado a más de 4 años de prisión por cohecho activo. Es un antecedente para la investigación de las coimas en los contratos de obra pública, que involucra incluso a empresas que pertenecieron a la familia del presidente Macri.

En un contexto de desencanto económico y con una promesa de recuperación lejana, Macri tiene la oportunidad de renovar el contrato moral con una sociedad que reclama desde hace años una regeneración institucional. Lo que vemos en estos días en Tribunales puede ser un buen punto de partida.

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