Pidieron 18 años de prisión para el imputado del homicidio de Carlos Castillo

“Soy inocente. No maté a Carlos Castillo”, afirmó esta tarde de jueves Néstor Omar Quintero ante los jueces laborales Juan Lagomarsino, Marina Venerandi y Alejandra Paolino, que conforman el tribunal de juicio.

Minutos antes, los fiscales jefes Martín Lozada y Eduardo Fernández habían pedido 18 años de prisión para Quintero como el autor del homicidio de Castillo, que era empleado judicial y abogado.

El abogado por la querella Raúl Ochoa adhirió al pedido de pena de los fiscales. Ochoa representa a Nilda Paletta, que es la madre de la víctima y querellante en la causa.

Esta tarde se hicieron los alegatos y los fiscales señalaron que se demostró en este segundo juicio contra Quintero que fue el autor del disparo que hirió de muerte la noche del 5 de junio de 2010 al joven. También, para la querella Quintero fue el autor del homicidio.

Por eso, los fiscales pidieron que sea condenado por el delito de homicidio agravado por el uso de arma de fuego.

Para el defensor oficial Juan Pablo Laurence no se derribó el estado de inocencia durante el segundo juicio. Por eso, pidió la absolución para Quintero y que sea excarcelado.

Fernández había pedido 18 años de prisión en el primer juicio contra Quintero, que se hizo a mediados de marzo de 2012. En esa ocasión Quintero fue absuelto por la exCámara Criminal Primera de Bariloche. Pero el Superior Tribunal de Justicia (STJ) de Río Negro anuló a finales de diciembre de 2012 ese fallo y ordenó que se haga un nuevo juicio, con las mismas pruebas y otro tribunal. Por eso, en las audiencias que se hicieron estos días, los jueces, los fiscales, el querellante y la defensa del imputado sólo observaron videos del primer juicio, con las declaraciones de los testigos. Y como gran parte de los jueces penales intervinieron en el expediente, designaron a los tres jueces laborales a pesar de la resistencia de la defensa.

Fernández y Lozada valoraron ayer en sus alegatos las declaraciones de testigos que señalaron a una persona vestida con las ropas oscuras cerca de la despensa de la madre, ubicada en la calle Pudú Pudú al 200 de Dina Huapi, donde balearon a Castillo.

Recordaron que tres testigos vieron a Quintero con ropas oscuras a bordo de un colectivo de línea y declararon que se bajó la noche del 5 de junio de 2010 a pocas cuadras de la despensa.

Castillo recibió un tiro en la cabeza cuando intentó salir en persecución de un sujeto encapuchado que había agredido con un arma de fuego a su madre mientras atendía el pequeño comercio. Murió tres días después por las graves lesiones.

Los fiscales destacaron la declaración en Cámara Gesell de una chica, que cruzó esa noche en la calle a un sujeto encapuchado, en cercanías de la despensa minutos después de que Castillo fuera herido de muerte. Aunque la testigo en el juicio aclaró que no era el imputado la persona que vio esa noche.

Hay una suma de indicios claros, coincidentes que nos permiten sostener que Quintero fue el que disparó y mató a Carlos Castillo”, alegó Ochoa.

En la casa de la abuela

Quintero sostuvo tanto en el primer juicio como ahora que esa noche estuvo en la casa de su abuela, en Dina Huapi. Los fiscales señalaron que esa coartada de Quintero se cae y advirtieron que los familiares que ratificaron en el juicio esa versión rozan el posible falsos testimonios.

Laurence cuestionó que se juzgue a una personas por videos, sin respetar el principio de inmediatez de un juicio oral. “No es adecuado para el servicio de justicia aceptar juicios por videos”, argumentó el defensor oficial.

Advirtió que Quintero enfrenta una doble persecución penal y que además se vulneró el derecho del juez natural (porque no lo juzgaron jueces penales sino laborales).

Recordó que no hay prueba de ADN que lo incrimine y el test de parafina para detectar restos de pólvora en las manos del imputado dio negativo, Dijo que tampoco hallaron nada en los rastrillajes ni en los allanamientos. Nunca apareció el arma.

Sostuvo que los testigos de la fiscalía que conocen a Quintero declararon que no usaba armas de fuego.

Dijo que no hay motivación para que Quintero haya sido el autor del homicidio. No tenía problema ni con la víctima ni con su madre. No necesitaba dinero porque había cobrado su salario ese jornada. Y, sobre todo, no tiene ni rulos, ni el pelo largo, ni una mancha en la mejilla izquierda como describió la principal testigo de la fiscalía, en referencia al sospechoso que cruzó la noche del homicidio.

“El principio de inocencia debe destruirse y no hay ninguna prueba directa contra Quintero”, planteó el defensor. Y solicitó la absolución.

Quintero pidió que encuentren al verdadero culpable. “Que se investigue bien”, reclamó, mientras sus familiares sostenìan carteles con mensajes a favor de su inocencia. Dijo que era “víctima de una persecución policial y judicial”. La sentencia se leerá el 20 de octubre, mientras Quintero continuará detenido en el penal 3 de Bariloche.

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