Daniel Drexler, un trabajador de la canción que llega a la región

Lorena Roncarolo

Uno”, el último trabajo del músico uruguayo Daniel Drexler grabado en Río de Janeiro, Montevideo y Buenos Aires, será presentado desde este fin de semana en Bariloche, Neuquén y Roca.

El disco producido por el carioca Alexandre Kassin incluye 12 canciones inéditas y es definido como una confluencia entre la música de raíz afro del Río de la Plata y el universo percusivo y armónico carioca.

“‘Uno’ es celebración. La posibilidad de celebrar a esta altura de la vida la unificación de mis diversos universos paralelos. Soy un devoto de la orden de la canción. Soy una persona que trabaja en ese género híbrido que es la canción”, define el propio Drexler en diálogo con “Río Negro”.

Este artista, hermano del también cantautor Jorge Drexler, creció rodeado de médicos pero en determinado momento de su vida, su vocación por la medicina se contrapuso a la música. Con el título de médico en la mano y un posgrado en camino, decidió tomar otros caminos.

P- ¿Cómo fue ese proceso de decidir por la ciencia o el arte?

R- Fue un proceso muy largo. No tiene fecha de inicio ni fin. Es una encrucijada en la que durante años me moví con la sensación de estar condenado a estar ahí. Y con una sensación de culpa por no saber tomar decisiones y no quemar las naves de una forma heroica. Resulta que en los últimos siete, ocho años de mi vida me di cuenta que esa encrucijada era una bendición, que estás en contacto con esos dos mundos: la búsqueda de la verdad y la búsqueda de la empatía y el amor.

P - ¿Y cuándo supiste que podías vivir de la música?

R- Exactamente, en marzo de 1990, cuando estaba viajando como mochilero por Medio Oriente. Trabajaba en una fábrica en Tel Aviv. Durante un fin de semana que fuimos a Tel Aviv, un amigo me preguntó para qué trabajaba en una fábrica si sabía tocar la guitarra. Decidí hacerle caso aunque solo sabía tocar tres canciones (“Oye como va”, de Santana; “Orejas”, de Chiquito Cabral y “Si si si”, de Jaime Roos). Me fui a una peatonal y empezaron a caer monedas y monedas. Cada tanto, caía un billete. A las dos horas, me di cuenta que ganaba más con 2 horas de trabajo tocando la guitarra que en un día entero en una fábrica. Fue una revelación, una epifanía.

Con siete discos editados, hoy Drexler es reconocido por la prensa como uno de los principales artistas uruguayos de su generación.

P- ¿Qué sensación tuviste con cada uno de tus discos?

R- La sensación de estar abriendo la llave de una puerta que me lleva a un lugar desconocido, que provoca incertidumbre, ansiedad y al mismo tiempo, una enorme curiosidad y la sensación de no poder dejar de ir en esa dirección. Con “Full Time”, empezó la crisis de indefinición entre los dos mundos y la propia canción es un grito de desesperación. “Vacío” es la calma que vino después de la tormenta. Una gran crisis existencial vinculada a una separación de pareja y a la crisis vocacional. “Micromundo” fue el momento en que empecé a vivir en universos paralelos: el nacimiento de mis hijas, el jardín de mi casa plantando tomates y al mismo tiempo, el mundo de las giras recorriendo 10 o 12 países por año. Con “Mar abierto” y 41 años, me di cuenta que tenía toda la vida por delante y que al igual que lo que pasa en el mar, el viento podía llevarme en cualquier dirección. “Tres tiempos” fue la posibilidad de redescubrir el mundo de la escritura.

P- ¿Y “Uno” en qué difiere de los otros discos?

R- Uno tiene múltiples lecturas. El número, un individuo pero sobretodo, uno de unir lo que, al parecer, está separado. Sentía que las canciones a pesar de ser muy montevideanas, muy rioplatenses, a pesar de tener una presencia muy fuerte del candombe, de la raíz afro montevideana, está quizás mucho más presente que en todos mis discos anteriores. Necesitaba sacudir mi zona de confort y llevar las canciones a otro lugar. Es una necesidad presente en todos mis discos.

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