Emiliano Rajneri

“La Flor de Amate-Cun” cuenta la historia de un aborigen ciego que busca a su pareja y a sus hijos, que de la noche a la mañana lo abandonaron.

Es una adaptación de la obra colombiana de Beatriz Camargo, que cuenta un fragmento de libro “Hombres de maíz”, del premio Nobel guatemalteco, Miguel Ángel Asturias.

“¿Dónde estarán mis raíces, de qué árbol soy rama yo?”, se pregunta finalmente un aborigen Maya, que tras regresar a su casa se encuentra con que su pareja y sus hijos se marcharon. Jamás los vio, porque Goyo nació ciego, pero igual saldrá a buscarlos.

“Yo no sé dónde he nacido, ni tampoco sé quién soy, no sé de dónde he venido, ni se para dónde voy”, le reza al río durante su desesperada búsqueda, que recorrerá muchos caminos hasta llegar al centro de su ser.

“La Flor de Amate-Cun” cuenta esa historia, la de un originario que sale a recorrer las ferias para encontrar a su María Tecún y a sus “muchachitos” que, sin razón aparente, un día lo abandonaron.

La eterna pregunta sobre el origen, que vestida de mil maneras regresa una y otra vez, hasta volverse carne de este tierno y sufrido personaje.

Se trata de una adaptación que la dramaturga colombiana Beatriz Camargo hizo sobre un fragmento del libro “Hombres de maíz”, del premio Nobel guatemalteco, Miguel Ángel Asturias.

Fue recreada por un elenco regional bajo la dirección del reconocido actor y titiritero, Dardo Sánchez, y se estrenó en Tierra Teatro, una joven sala hecha con barro y madera y ubicada en las afueras de Cinco Saltos.

Sobre el escenario se revive el lamento de este hombre que viene de la tierra, y que llora por su amada y sus hijos, pero también se cuenta como la muerte y la vida lo abrazan, buscando hacer su camino más duro o ayudándolo en su andar.

Vendiendo baratijas para mujeres, recorrerá las ferias esperando sentir el aroma de su María Tecún, porque a su rostro jamás lo vio. Caminando y caminando, Goyo cae en la bebida y la pobreza, y la ilusión de encontrar a su familia se aleja en el horizonte.

Así, andrajoso y borracho su búsqueda se volverá hacia su propio interior.

El aborigen maya, cansado de andar por este mundo que le es ajeno y esquivo, con su vista ya recuperada, buceará hacia adentro para encontrar sus orígenes y para descubrirse a él mismo.

Todo mientras es acechado de cerca por la muerte, que está deseosa de hacerse con su alma. Pero Goyo también cuenta con la ayuda de una bruja que encarna la vida y que lo guiará en este viaje hacia adentro, personificada en una chamán que aliviará sus dolencias espirituales.

Asturias busca con esta historia, retratar la imagen de los pueblos originarios que, tras ser invadidos por el hombre blanco y sobre todo por el comercio, perdieron sus tierras y sus valores culturales.

Se trata de la lucha contra quienes talaban sus bosques y sembraban para lucrar y no para alimentarse, dejando a la tierra sin valor y ultrajando lo que para ellos era sagrado: las semillas.

Esto responde a la creencia popular del pueblo Maya-Quiché, en la que se afirma que el hombre viene del maíz, como lo indica el “Popol Vuh”, o el “libro de la gente”, que consta de una recopilación de narraciones legendarias e históricas del pueblo maya guatemalteco que más población tuvo. Se refleja en esta pieza la forma en que las sociedades aborígenes fueron perdiendo sus identidades, sumergidas en el alcohol, la pobreza y el engaño.

El Elenco Concertado que se reunió para darle vida a esta obra se hizo eco de estas culturas y materializaron el relato junto a su creadora y directora del grupo itinerante Del Sol, Beatriz Camargo.

La mujer colombiana realizó una residencia en la región durante el año pasado, y así lograron adaptar retazos y huellas mayas a una realidad que inmediatamente conmueve, pero que también enseña y educa.

La sala Tierra Teatro empezó a gestarse durante el 2017 y fue la intención de quienes habitan ese espacio de chacra, Ariel Forestier y su compañera Cintia Ullua ambos parte de Embarro Teatro, que convocaron al Elenco Concertado para dar vida a “La Flor de Amate-Cun”. Ellos formaron parte de un espacio de laboratorio de Cipolletti y desde entonces se interesaron por llevar adelante el teatro antropológico y explorar las diversas modalidades en las que una obra puede ser presentada a sus espectadores.

Este centro cultural, que está ubicado en una chacra que bordea a la Ruta Nacional 151, a 6 kilómetros de Cinco Saltos y a 10 de Cipolletti, está construido de barro y madera, y cuenta con una galería cubierta y una generosa sala circular. Los domingos se enciende allí una salamandra y el público se ubica en ronda mirando al centro, adonde se encuentra, a la misma altura del piso de tierra, el escenario, que es una extensión del mismo.

La propuesta escapa ampliamente de la obra teatral vista en el formato tradicional, en el que las personas miran todas hacia un mismo punto, adonde está el escenario, por delante de las butacas y elevado del suelo, usualmente construido en madera o cemento. En Tierra Teatro el público se ve entre sí como si se tratase de un espectáculo callejero, poniendo en juego herramientas del teatro social y utilizando diferentes recursos sobre el espacio físico. Sin telón, la obra comienza al ingresar sus actores por una puerta-cortina y las personas forman parte también, de lo que allí ocurre.

Al iniciar el evento se forma una ronda sobre el césped, en el ingreso al lugar, y Cecilia Arcucci, parte del elenco y ya en su personaje habla mientras arroja maíz dando forma en el suelo. “Pedimos permiso al centro de este círculo en el que tejeremos la palabra y la emoción. Y al corazón de cada uno de ustedes, para que nos permitan entrar, aunque sea por un instante”, dice gentilmente pero con firmeza, hasta que redoblan tambores y se abren las puertas para ver la obra.

Cuando termina el espectáculo, los actores invitan a que la gente no se retire, y traen comidas y mate. Se forma una reunión que suele extenderse inclusive más allá de la función, entre mates y pan casero.

Cuando termina el espectáculo, los actores invitan a que la gente no se retire, y traen comidas y mate. Se forma una reunión que suele extenderse inclusive más allá de la función, entre mates y pan casero.

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