¿Se multiplican las “grietas” políticas en América Latina?

Leonardo Herreros

América Latina se encuentra en medio de un ciclo electoral que brinda más incertidumbres que certezas sobre una tendencia general, pero pareciera tener dos denominadores comunes: un profundo descontento de las poblaciones sobre su situación económica y social y un intenso fastidio hacia la clase dirigente en general, que adopta vías diferentes de expresión política en cada país.

Escándalos de corrupción, gobiernos impopulares y una reactivación económica más lenta de lo previsto en un escenario internacional inestable fueron el marco de los recientes comicios en varios países de la región.

El enojo de los votantes, sin embargo, no tiene dirección única. Pese a que hubo un “giro a la derecha” en los últimos años en Argentina, Chile, Perú, Brasil (aunque no vía elecciones) y más recientemente en Paraguay, los gobiernos surgidos de esos comicios enfrentaron rápidamente protestas y cuestionamientos, llegando a la destitución del presidente en Perú.

En Colombia, irán al balotaje dos opciones muy diferenciadas: el conservador Iván Duque y el izquierdista Gustavo Petro. El chavista Nicolás Maduro se impuso en Venezuela en comicios cuestionados en su transparencia y con elevada abstención. En México y Brasil las mayores intenciones de voto están en dos candidatos de izquierda: Manuel López Obrador y Luis Inacio Lula da Silva, hoy encarcelado y con escasas chances de participar.

Si algo pareciera caracterizar a los procesos es una fuerte polarización entre fuerzas y líderes de derecha e izquierda, y la aparición de alternativas a los partidos tradicionales.

Consultado por “Río Negro”, Mariano Fraschini, doctor en Ciencia Política y docente (UBA- Flacso), sostuvo que “evidentemente hay una mayor polarización política e ideológica en la mayoría de los países”, pero que esta fractura en las sociedades “no necesariamente se ha trasladado a lo electoral”, donde en la mayoría de los comicios hubo múltiples fuerzas electorales.

“Al parecer, en las últimas elecciones llegan quienes tienen más definidas sus postura ideológicas, pero no necesariamente eso se refleje en el 80 0 90% del electorado”, explica.

Para Fraschini, se habla de polarización electoral cuando entre las dos fuerzas principales “superan el 80% de los votos, como ocurría en Argentina en los 80 entre peronistas y radicales”.

Al respecto, destacó que “si vamos a las últimas elecciones en Colombia y Venezuela, en el primer caso van a segunda vuelta Duque, que sacó un 39% de los votos y Petro, que sacó 25% apenas un poco más que el tercero, Fajardo, que logró 23,7. En Venezuela si hay polarización, pero con un 46% de participación, quienes estaban contra Maduro se repartieron en tres opciones: las de los dos candidatos que perdieron (Henri Falcón con 20% y Javier Bertu cci con 12%) y la abstención activa que llegaría al 30%. En Paraguay, donde no hay segunda vuelta sí hubo polarización ya que Abdo le ganó al frente del partido Liberal y Guazú de Lugo y se repartieron casi el 70% de los votos”.

Aunque sí advirtió que actualmente “a nivel político e ideológico si hay polarización en las mayoría de la sociedades. Los partidos de centro no han juntado votaciones importantes”. Fraschini consideró que durante los años del denominado “giro a la izquierda” en la región que se produjo en la década del 2000 al 2010, “hubo una repolitización general de las sociedades latinoamericanas, en todos los niveles”.

Estos gobiernos “desbordaron los marcos ideológicos d los 80 y 90 y definieron amigos y enemigos: llámese Imperio-Nación, Oligarquía-Pueblo, intereses concentrados-intereses populares,etc. Aunque los liderazgos siguen siendo importantes ya no son envases vacíos como en los 90, son liderazgos con contenidos, expresan ideas, políticas públicas claras. Las sociedades se politizan y entonces las fuerzas que les ganaron a estas izquierdas también son politizadas, en el sentido de darle a sus electores una visión del mundo desde lo político, social y económico, por supuesto antagónicas a la izquierda o al populismo, como se lo quiera llamar”, explicó.

Este quiebre de da incluso en fuerzas que durante buena parte de la década fueron aliadas, como en Brasil . “Es interesante que aquí el proceso de desgaste del PT que comienza con Dilma Rousseff también afectó a Lula. Pero quien reemplaza a Dilma, Michel Temer, que hoy representa a la derecha, es alguien de la propia alianza electoral victoriosa en 2014. Y polariza de tal manera que cuando descubren que Lula es favorito para las elecciones lo meten preso” recordó.

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