El crimen del edificio 5 que devastó a una familia y sigue impune

Jorge Villalobos

Los gritos desgarradores de una mujer despertaron, sobresaltados, a todos los moradores del edificio. Varios salieron a los pasillos a ver qué pasaba. “¡El Negro! ¡El negro está desmayado y hay sangre!”, explicaba, angustiada, María Quijón, a un vecino del último piso, que salió a medio vestirse de su departamento por el apuro.

El hombre bajó rápidamente hasta el departamento 59, acompañado de Quijón, que estaba temblorosa por los nervios para ver qué le había ocurrido a su vecino. Entraron a la habitación y hallaron a Cipriano Alsina inconsciente, con el cuerpo doblado y apoyado sobre un pequeño mueble. Un hilo de sangre que emanaba de su cabeza había formado un charco en el piso. El vecino le tomó el pulso, pero no percibió nada. Alsina estaba muerto. Esa madrugada del 13 de diciembre de 2014 casi nadie volvió a dormir en el edificio 5 del barrio Elflein de Bariloche.

Minutos después, llegaron al lugar policías de la comisaría 28ª, de la Brigada de Criminalística y el fiscal de turno que constataron que Alsina, de 73 años, había sido asesinado.

Los policías levantaron una piedra de cuarzo partida en dos partes, que encontraron en el dormitorio, para analizar. Intuyeron que el homicida utilizó ese objeto para propinarle un golpe letal en la cabeza a la víctima. Otra lesión no tenía. El departamento estaba ordenado.

Jubilado y adventista

Alsina era jubilado. Sin embargo, fuentes que lo conocían desde hace más de 35 años comentaron esta semana a “Río Negro” que el hombre seguía trabajando en la construcción como contratista y pagaba, por lo general, todos los fines de semana los salarios de la cuadrilla. La investigación determinó que le faltaban unos 2.000 pesos, un celular y una libreta.

Cuando lo encontraron muerto, estaba aún vestido con su ropa de trabajo. No es un dato menor. Alsina profesaba el culto adventista y cada viernes debía cumplir un ritual riguroso para esperar el sábado, que es el día de la semana reservado para la comunión con Dios.

Por eso, ese viernes 12 de diciembre de 2014 finalizó antes su jornada laboral y regresó a su domicilio para preparar todo antes de que el sol se esconda detrás de la imponente Cordillera de los Andes.

En la fe adventista, las actividades seculares tienen que terminarse antes de que el sol se ponga el viernes. Por eso resultó extraño que Alsina no estuviera bañado ni vestido con ropa limpia.

Los edificios del barrio Elflein tienen una puerta de acceso en planta baja. Hay que superar ese obstáculo para acceder a las escaleras internas y los pisos donde están los departamentos.

Esa puerta de acceso casi siempre está cerrada porque cada morador tiene llave. Aunque a veces hay personas que se olvidan de cerrarlas. La persona que mató a Alsina accedió al departamento sin violentar nada.

En el casino

Quijón había llegado esa madrugada a su domicilio procedente del casino, donde estuvo varias horas. Cuando entró al departamento descubrió a Cipriano ensangrentado e inconsciente en su dormitorio.

La mujer y Alsina se habían separado, pero compartían el mismo departamento. Tuvieron cuatro hijos tras varios años casados.

Fuentes que conocieron a la pareja aseguraron a este diario que la convivencia era buena. Hasta compartían en algunas ocasiones cenas y fiestas de fin de año con alguno de sus vecinos del edificio.

“Ella era una mujer superalegre”, recordó un vecino que durante años se la cruzó en el barrio. Sin embargo, las sospechas apuntaron hacia la mujer.

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