Tiene 64 años y recorre la Patagonia en moto

Joselina Moine

Corría 1979 y María Isabel Díaz Pérez decidió cambiar de vida. Entró sin pensarlo demasiado en el fantástico mundo de las motos. Pero fue más que eso. Fue encontrar una filosofía de vida. Desde entonces nunca más pudo separarse de la pasión: viajar sobre dos ruedas.

Con una personalidad auténtica y espontánea, Marisabell (como sus amigos la llaman) contó que la vida le dio miles de oportunidades para viajar por el mundo, pero que una y otra vez elige el lugar donde vive. Es neuquina y tiene 64 años. “No hay nada mejor que poder recorrer las rutas de la Patagonia”, dice desde arriba de su moto de 250 centímetros cúbicos de cilindrada, un bólido que pesa más 135 kilogramos.

Marisabell se considera una amante de las motos y la adrenalina. Desde que se jubiló, tras más de 20 años de ejercer la docencia, y en medio de momentos delicados, siempre se aferró al camino que la hizo feliz: la dos ruedas. “La primer moto me la compré mientras transitaba el segundo año de mi trabajo. Cuando tenía 39 años, me compré una Zanella 125cc. color plateada. Al cabo de un año me pasé a una de la misma marca pero 200 JR blanca”, recuerda con precisión.

Luego de experimentar los primeros recorridos en moto la situación económica de Marisabell transitó por etapas críticas. Comentó que su divorcio “no fue nada sencillo” por diversos motivos. “Realmente no podía costear los lujos de tener la moto que yo quería pero de a poco las condiciones fueron mejorando hasta que conseguí volver a disfrutar de la vida en dos ruedas”, recordó con alegría.

En ese lapso de tiempo la posibilidad de viajar en una moto se hizo cada vez más difícil. La aventurera mujer aseguró que siempre le faltaba algo. “Andar en moto me dio siempre la libertad de sentirme sana tanto física como espiritualmente”, insistió.

Una vida sana

Además, para mantener las condiciones físicas que le permitan manipular cada maniobra de la moto, Marisabell dedica su tiempo a otro tipo de actividades. Hace pileta tres veces por semana y lleva adelante caminatas diarias. “Yo creo que cualquier persona puede andar en moto, pero si realmente querés pasarla bien y no padecer cada salida, hay que tratar de complementar con una vida relativamente sana, más si ya tenés unos cuantos años encima”, afirmó.

Para muchas de las personas que decidieron sumarse a la experiencia de andar en este tipo de vehículo, a veces se vuelve complicado hacerlo en grupos o acompañados por un copiloto. Para Marisabell esta condición se refleja en los recuerdos y decisiones que toma cuando prepara su equipo. “Hice un par de viajes en los que fui acompañada por otras motos, pero no fueron las mejores experiencias. Tuve que seguir sola, porque yo no ando a más de 120 kilómetros por hora”, explicó.

A pesar de que no almacena en su memoria malas vivencias de sus viajes grupales en moto, aseguró que prefiere salir sola. “Amo la soledad y eso no quiere decir que soy antisocial, sino todo lo contrario, pero considero que ese momento, esos recorridos son para mí, con mis tiempos y condiciones”, reconoció.

Los fines de semana la agenda de Marisabell está ocupada por el resonar del ruido su moto. Prepara el set de supervivencia con algo de comida, agua y dulces para tomar camino hacia los lagos de la zona, como al Chocón, Pellegrini o el Mari Menuco.

Disfruta saber que tiene la libertad de elegir a dónde quiere pasear con su moto, por eso no se exige más de lo que su cuerpo la condiciona. Y comentó: “las distancias que hago son generalmente cortas pero eso no quita el disfrute de poder hacerlo”.

Un cumpleaños particular

Durante el verano, Marisabell planifica y prepara su equipo e indumentaria para desplazarse hacia la costa patagónica.

Como sus primeros viajes en moto siempre fueron hacia Las Grutas, tiene como costumbre recorrer esos 428 kilómetros que separan a ambas ciudades para reunirse con sus seres queridos y festejar su cumpleaños.

“Cada vez que transito esa ruta, que para mi ya es histórica, lo hago con la esperanza de disfrutar del viento de mar y comer un rico pescado”, dijo como si estuviera a punto de partir hacia la costa rionegrina.

Como toda aficionada a la moto ir hasta Ushuaia, el lugar más austral de la Argentina, es una tarea pendiente para Marisabell. Con su metro y medio de altura, a pesar que su contextura física demuestra la vida de una mujer dedicada al deporte, lo cual implica mejor resistencia a viajar durante largas horas sobre dos ruedas, las condiciones y situaciones climáticas y ambientales que en ese recorrido se presentan son “un límite”.

“Realmente no quiero padecer el viento, la lluvia y el frío, no siento tener la necesidad de pasar por esa experiencia, pero ojalá algún día alguien o u grupo de gente quiera hacerlo conmigo respetando mis tiempos y condiciones”, afirmó Marisabell.

Mientras tanto, los lugares que elige son los más cercanos a la ciudad. Enciende el motor, se pone el casco, los guantes y los lentes. Su próximo destino la espera. Adiós!

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