Experiencias nuevas al alcance de todos

Daniel Marzal

Vivir la cercanía con el entorno natural de manera directa, sin margen alguno para las metáforas. Así podría definirse lo que buscan los visitantes que eligen el turismo de aventura, y que encuentran en Bariloche una cantidad de variantes difícil de igualar. La geografía que rodea a la ciudad garantiza, de por sí, escenarios ideales, ya que no faltan los relieves exigentes, el agua, los grandes árboles, la nieve, estaciones bien marcadas y un clima cambiante que se combinan para sumar desafíos.

En 2012 Bariloche fue declarada capital nacional del turismo de aventura, ya que es allí donde nacieron y se desarrollaron la mayor parte de las actividades incluidas en el rubro.

Desde entonces esa modalidad creció sin pausa y demostró tener dinámica propia, con una usina de propuestas que se renueva cada temporada, en abierto contraste con el turismo tradicional o “contemplativo”, que ofrece desde hace décadas las mismas excursiones.

El turismo de aventura pasó a ser un componente clave en la oferta de Bariloche y la única limitación objetiva que encuentran los prestadores son las regulaciones y condiciones para la habilitación. En muchos casos las normativas corren detrás de la aparición de nuevas actividades, y también la superposición de organismos de control (Parques, Prefectura, provincia, municipio) conspira contra el desarrollo del sector.

La red de picadas y refugios que ofrece Bariloche es de las más importantes del país y es un emblema del turismo activo. Según Parques Nacionales, en 2017 tramitaron su permiso de trekking 21.276 personas y en lo que va de 2018 la cifra es de 14.315.

Los operadores aclaran que hay una cifra igual o mayor de gente que “camina la montaña” y no cumple con el registro.

Algo parecido ocurre con la “explosión” de las actividades acuáticas, que se multiplicaron con la oferta de kayaks, un botes semirrígidos y tablas de stand up paddle, sumada a la cantidad y accesibilidad de los espejos de agua que rodean a Bariloche.

Además hay clásicos que todo el tiempo ofrecen nuevas opciones y circuitos, como las cabalgatas, el canopy, el rafting y las “flotadas”.

Los fanáticos de la escalada también tienen en Bariloche rincones incomparables. Los buenos vientos son una garantía para disfrutar del wind surf y el kite surf. La transparencia de los lagos tienta a los amantes del buceo y los ríos de montaña brindan los mejores escenarios para el canyoning y el kayakismo de aguas blancas.

Otra actividad muy demandada es el ciclismo de montaña y entre las más sofisticadas aparecen el parapente.

En la categoría “turismo de aventura” entran también las que tienen sus temporadas bien marcadas, como la pesca y el esquí, en todas sus variantes.

El presidente de la Asociación de Turismo Activo de la Patagonia, Martín Raffo, dijo que Bariloche no sólo es la “capital” por una declaración formal sino también porque esta ciudad y el parque nacional Nahuel Huapi son “el destino nacional que más mueve” en este rubro. Calculó que no menos de un 70% de los viajeros que llegan a la ciudad realizan al menos una salida de turismo activo. El presidente de la Cámara de Turismo de Bariloche, Felipe Orticelli, destacó que “cada vez hay más productos” de turismo de aventura “y con esta fluctuación del dólar el liderazgo de la ciudad se va a favorecer. Bariloche se transforma en más accesible para el extranjero”.

El subsecretario de Turismo de Río Negro, Joaquín Escardó, también destacó que el turismo de aventura “es una tendencia en crecimiento” y demanda “mejores infraestructuras”. Dijo que el cambio de tendencia es cada vez más acentuado, ya que la gente busca otro tipo de experiencias en sus viajes y “se pasó de lo contemplativo a lo vivencial”.

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