ANALISIS: A golpe de crisis, Teherán expande su poder en Oriente

Redacción

Por Redacción

El anuncio de Irán de que ha empezado a enriquecer uranio «a escala industrial» es un paso más en poco más de año y medio de escalada en la enemistad entre Irán y Occidente. Desde la reanudación de su programa nuclear hace 19 meses a la crisis de los rehenes británicos de la semana pasada, Teherán no ha cesado de expandir su influencia en el Golfo a golpe de crisis.

De principio a fin, la reciente tensión por la captura de los marinos británicos por Irán dejó perpleja a la comunidad internacional, que recibió con sorpresa la noticia de su arresto en el Golfo y aún con mayor desconcierto su liberación.

Las autoridades iraníes no dudaron en esposar a los 15 marinos británicos que surcaban las aguas del Golfo bajo mandato de la ONU, como amigos incondicionales de EE.UU. y aliados del gobierno de Irak. Desafiaron a la poderosa Gran Bretaña pese a cargar a sus espaldas con las sanciones infligidas por la ONU por su programa nuclear, enfrentarse al aislamiento internacional y a la velada amenaza de una intervención militar estadounidense.

El presidente iraní, Mahmud Ahmadinejad, quien estremece al mundo cuando niega el Holocausto o preconiza el fin de Israel, exigió las disculpas de Londres. Pero, después de 13 días de cautiverio, pareció darse por satisfecho de haber desatado una nueva crisis con la comunidad internacional y, ante las pantallas de todo el mundo, anunció que los militares podían regresar a casa.

¿Fue una acción premeditada con el fin de demostrar que la República Islámica no le teme a nada ni a nadie? ¿Un arresto espontáneo aprovechado por el régimen para alimentar su maquinaria propagandística? ¿Qué ganó Irán al emplazarse voluntariamente en el ojo del huracán y mermar las ya deterioradas relaciones con los occidentales?

El presidente ultraconservador podría haber matado dos pájaros de un tiro.

En casa, Ahmadinejad enfrenta una caída de la popularidad que baja al mismo ritmo que sube el desempleo y la precariedad económica, y las críticas de los propios círculos políticos por aislar al país del resto del mundo. Para hacer frente a esas dos contratiempos, utilizó los medios estatales -prácticamente los únicos a los que tienen acceso los iraníes- para proyectar una imagen de líder fuerte, capaz de dar lecciones a los occidentales y de mostrar a la vez su faceta más magnánima.

Más allá de sus fronteras, el presidente satisfizo el imaginario de los insurgentes chiítas iraquíes y libaneses, así como de los palestinos islamistas, sedientos de un dirigente que acabe con la hegemonía de Estados Unidos y sus aliados.

Reforzado por las caídas de Saddam Hussein en Irak y de los talibanes en Afganistán -provocadas por Estados Unidos-, Ahmadinejad asienta su liderazgo en Oriente Medio y recaba fuerzas contra los «enemigos» norteamericano e israelí.

Pero el análisis no acaba allí: con Ahmadinejad nada es blanco o negro. Su postura provocadora y sus ambiciones regionales también tienen un contrapeso, el de la compensación . La crisis de los marinos, que podría haber tenido consecuencias peligrosas, se zanjó en términos diplomáticos entre Teherán y Londres.

Con una de cal y una de arena, Irán, y en particular, su presidente ultraconservador, profundiza el desconcierto de la comunidad internacional, que desde hace meses exige en vano que suspenda su enriquecimiento de uranio, sospechoso de estar diseñado para desarrollar la bomba atómica.

El «Estado canalla» integrante del «eje del mal» – según George W. Bush-, hace oídos sordos: mantiene las centrifugadoras de sus plantas nucleares en marcha, minimiza las condenas internacionales y se burla de los dirigentes mundiales. Queda por ver hasta dónde está dispuesta a llegar la República Islámica y cómo la comunidad internacional piensa contener su ímpetu. (AFP)


El anuncio de Irán de que ha empezado a enriquecer uranio "a escala industrial" es un paso más en poco más de año y medio de escalada en la enemistad entre Irán y Occidente. Desde la reanudación de su programa nuclear hace 19 meses a la crisis de los rehenes británicos de la semana pasada, Teherán no ha cesado de expandir su influencia en el Golfo a golpe de crisis.

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