ANALISIS: ¿Quién dijo que el fútbol es una cuestión de machos?

Después de años de afirmar que la seguridad no era un tema suyo sino del Estado, el fútbol sigue sin reponerse aún del reciente fallo de la Corte Suprema de Justicia que calificó de "insostenible" esa posición, porque la pelota no puede pretender disfrutar sólo de los beneficios de su negocio, sin asumir sus costos.

¿Asumirán entonces ahora mayor responsabilidad los clubes y la propia AFA, a la que el fallo de la Corte extendió también el pago de la indemnización del remisero herido en su ojo por un piedrazo lanzado por un fanático de Lanús diez años atrás, cuando estaba fuera de la cancha, un dato extra que terminó por desconcertar al mundo del fútbol?

¿Y la responsabilidad del Estado? ¿Y los enormes operativos policiales que pagamos?, se pregunta azorado el fútbol, cuya primera reacción fue que apelará el fallo, sin un mínimo de autocrítica por el hecho de haber naturalizado el hecho de que cada estadio puede ser hoy un escenario de batalla y de maltrato cotidiano. Es cierto que la violencia en el fútbol se ha convertido también en un negocio de la policía, como lo desnudó hace años en una investigación el ex juez Mariano Bergés. Y es cierto que, en ese contexto, la negligencia policial ha sido más de una vez la causa de una muerte, como ocurrió en el caso del pibe de 13 años Adrián Scasserra, en la cancha de Independiente, en 1995. Pero en esa causa la Justicia sí condenó también a la policía a indemnizar a la familia Scasserra.

La otra preocupación del fútbol es cuál será el límite que regirá para establecer si un club o la AFA deben ser responsables de delitos cometidos fuera de los estadios.

La Corte decidió este lunes en el caso del remisero Hugo Mosca que el hecho, si bien afuera del estadio, ocurrió en torno de la organización del partido.

Hinchas de River y Boca podrán balearse en Jujuy. Pero si, por caso, la Justicia comprueba que lo hicieron desde micros alquilados por ambos clubes, entonces tampoco tendrían forma de escapar a una condena, por muy lejos que ocurra el hecho de la Bombonera o del Monumental.

Al fútbol sigue costándole asumir su responsabilidad. Se mencionó líneas arriba a Bergés. El ex juez que desnudó en su momento complicidades de Boca y Chacarita con sus respectivas barras bravas, creó hace pocos meses la organización Salvemos al fútbol. Lo hizo junto con Mónica Nizzardo, una ex jefa de prensa de Atlanta que en el 2004 se animó a denunciar ante la Justicia al barra brava Julio César Dib como causante de destrozos en el club.

Casi no hay hombres en el fútbol que denuncien con nombre y apellido a los violentos. Tuvo que hacerlo una mujer.

Su caso se parece al de Liliana García, madre de Daniel, el joven asesinado en Paysandú, en la Copa América de Uruguay de 1995 y que también denunció con nombre y apellido a los barras de Deportivo Morón, empleados entonces del ex intendente Juan Carlos Rousselot.

Liliana García creó en su momento la organización Familiares de Víctimas de la Violencia en el Fútbol Argentino (FAVIFA), acaso inédita en el mundo, pero no en nuestro país, donde a veces todo es posible.

En el Día de la Mujer, Mónica Nizzardo y Liliana García están haciendo lo que pocos hombres se han animado a hacer por el fútbol argentino. Que sea un poco más decente.

 

EZEQUIEL FERNANDEZ MOORES


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