Análisis: Un negocio que no fue negocio





Como los goles, los votos también son amores.

Y eso es lo que cuenta a estas horas para Miguel Pichetto y Carlos Larreguy: dicen que ganaron. Por poco, sí. Pichetto siempre vislumbró difícil la elección. «Va a ser muy «, le dijo a este diario en la noche del sábado.

El surgimiento de la candidatura de Eduardo lo había perturbado.

Más cuando para garantizarse 20 años de militancia en la provincia, debió aliarse con el senador Remo Costanzo, sospechado de coimero y arrastrando tras de sí tres derrotas para gobernador y toda una historia densa de personalismo y gerenciamiento en el manejo del PJ rionegrino.

Porque Pichetto forjó esa alianza por una única razón: garantizarse que el aún aparente decisivo aparato de Costanzo pusiera su candidato. Ante esa alternativa ofreció acordar con Rosso. Pero este dijo «no». Y Pichetto se asoció a Costanzo.

Desde ayer Pichetto sabe que Costanzo no le sirvió de nada. Y de ahí una conclusión no aventurada: Costanzo es el gran derrotado de este comicio. Y su poder quizá entre en la noche larga de la historia.

Y para Rosso, la elección fue importante.

Por algo había dicho «no» a Pichetto.


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