Análisis: Urnas con señales

El duro oficio de la interna en tiempos de desencanto con la dirigencia política.

Así, con el corazón contraído por la magnitud que podría alcanzar ese estigma ayer, llegó el PJ rionegrino a sus elecciones. Sin embargo, la primera conclusión que desde lo participativo se extrae a horas de cerrar las urnas, dice que al menos no se profundizó el desinterés por ese proceso.

Al menos si se lo compara con las elecciones para elegir candidato a senador que tuvo el partido en mayo del 2001. En esa oportunidad votaron 28.500 peronistas e independientes. Ayer, aproximadamente 3.000 más.

Pero siempre reflexionando desde lo participativo, hay muchas luces rojas en el tablero justicialista.

En Cipolletti, por caso, el partido muestra una debilidad brutal para generar consenso hacia su interior. Sobre 2800 afiliados, sólo votaron algo más de 350. Si de afecto se trata, la elección encontró mejor disposición afuera del justicialismo: sobre un padrón de 29.000 independientes, sufragaron 713.

En total algo más de 1.100. ¿Qué expresa una tasa tan baja de participación?

Como mínimo, que al igual que el radicalismo de esa ciudad, mientras exista el arriaguismo y el saltismo, el peronismo nunca tendrá buen abono entre los cipoleños.

Otra conclusión que se logra es que los independientes le jugaron una mala pasada a Juan Carlos Del Bello.

A lo largo de toda la campaña estructuró un discurso de propuestas destinado, fundamentalmente, a seducir al sector independiente. Discurso que no se alejaba del peronismo en tanto que emergía siempre girando alrededor de la idea de justicia social. Pero que miraba al independiente como un tramo de la sociedad más proclive a la reflexión en tanto está ajeno a la liturgia y emoción que es propia del justicialismo.

En el marco general de ese objetivo, Del Bello vio a Bariloche como un escenario sensible a sus ideas. La saludable idiosincracia electoral que tiene esa ciudad – la única de la provincia donde siempre hay una amplia franja que se siente dueña de su voto -, pareció ayudarlo.

Del Bello incluso apostó fuerte al poner un político con buena imagen como su primer candidato a diputado nacional: Ricardo Ledo.

Pero Bariloche fue esquiva a Del Bello.

Y en la linda Bariloche, Carlos Larreguy sabe desde ayer que el mentado poder sindical del gastronómico Ovidio Zúñiga es pura alarhaca.

Larreguy lo eligió como candidato a diputado nacional. Le advirtieron que el piso de reconocimiento de la imagen de Zúñiga en Bariloche está a nivel de zócalo. Larreguy insistió desde una visión antigua del poder sindical, hoy muy menguado.

Larreguy perdió en Bariloche.

Y Soria se fue anoche a dormir ganando en los 8 circuitos electorales. Dicen quienes lo conocen desde lejos en su matriz peronista, que jamás lo habían visto trabajar para una elección con la tenacidad que lo hizo ahora. Hace cuatro meses que no se mueve de la provincia. Tiempo en el que recorrió 21.000 kilómetros en un auto con años que le regalaron para el reviente que implica cada campaña electoral.

Metió su discurso fundamentalmente en el peronismo. Y dentro de él, apostó a la mujer para sostener el triunfo del cual nunca dudo.

Soria manejó una batería inmensa de recursos que seguramente le sirvieron para volcar voluntades en duda.

Pero no es menos cierto que Del Bello y Larreguy también apelaron a la bolsita y al acarreo de gente.

En eso, todo muy parecido.


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