Anatomía de un asesino serial



La infancia de Claudio Kielmasz es patética y dolorosa. Varios fueron los disparadores que provocaron probablemente su crisis y desataron sus tendencias psicóticas. La decadencia gradual de la familia hasta la pobreza absoluta, el abandono de la madre y el abuso sexual de su padre. Tres elementos terribles para destruir y aniquilar la personalidad de un niño y desatar sus peores tendencias. La agresión que sufre deja también un mensaje inherente.

Como el transgresor es el padre, en el futuro no hay autoridad. No hay ley. No hay límites. Solamente es el instinto. Hay también un elemento a considerar porque hay una identificación en cuanto a las futuras víctimas. A los once años Kielmasz, en su peor momento, se enamora de una chica de su edad y su rechazo debe sumarse al clima de violencia familiar y de abandono que sentía en ese tiempo. Esa identificación explica la característica de sus víctimas. En definitiva, una búsqueda de la adolescente que en su momento provocó su frustración.

Pero que ataque sólo a personas del sexo femenino da la pauta de que Claudio Kielmasz no solamente sintió el abandono de su madre como un elementos determinante de su infancia, sino que el abuso paterno formó parte del desamparo que le produjo el abandono se su madre. Como ingrediente sustancial, pero subordinado. En otras palabras, piensa que si hubiera estado la madre, no hubiera ocurrido. (...) Hemos dicho que los asesinos seriales dejan huellas digitales. Los ataques de Kielmasz se reproducen como una conducta sintomática. Siempre a la misma hora, con la misma arma, los disparos han sido a quemarropa, ha tratado de cubrir los cadáveres con tierra, los lugares de los hechos son similares. Pero el factor esencial para determinar la culpabilidad de los asesinos seriales ha sido su irrefrenable tendencia a hablar. (...) Claudio Kielmasz no ha cesado de hablar. Ha contado su crimen, el triple crimen, una y otra vez. Cambiando los personas y atribuyéndoselos a terceros. Pero siendo preciso y minucioso al relatar los hechos.

Del libro “Las investigaciones”, publicado por “Río Negro” en el 2003 (capítulo 8 “Asesinatos al anochecer”)


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