Anticoncepción quirúrgica voluntaria

Opinión

El camino recorrido por la ley que promovió la anticoncepción quirúrgica en los hospitales públicos; luego de 10 años de sancionada, como púber que es, sigue proclive a los cambios (hormonales) de los que depende su completa implementación. Por una parte, el poder político con sus matices donde lo urgente tapa a lo importante, los vaivenes presupuestarios marcan el ritmo desde los insumos hasta la capacitación técnica en la temática. La seguridad social-obras sociales, donde la ley las obliga a cubrir la prestación, pero no las controla en su marco de cumplimiento, a través de aranceles pobres y tardíos, hacen que estas prácticas sean realizadas a cuentagotas, en su mayoría envueltas en paquetes de pagos diferenciales. En los hospitales públicos, (en algunos) marcados por el compromiso y la predisposición de los efectores de salud, los usuarios luego de peregrinar, llegan a la anticoncepción quirúrgica, siempre bajo sesgos machistas donde la mujer pone el cuerpo. Más allá de lo que se legisle, el reloj de la necesidad de las personas sube por el ascensor cuando el de las respuestas gubernamentales va por la escalera, la realidad se viste de palabras pero se desnuda con los hechos y el escenario actual lo demuestra. Seria pertinente evaluar el cumplimiento de las mismas, disminuir las letras y aumentar presupuestos, para buscar una solución a esta temática, tan sensible a las necesidades de la comunidad. Como dijimos hace 10 años la anticoncepción quirúrgica debe formar parte del tren de la salud reproductiva, cuya locomotora es la educación sexual (transversal). (*) Tocoginecólogo

Mario Más (*) mariomas2010@gmail.com


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