¿Aprenderán a colaborar viejos enemigos?

Análisis

Matthias Röder e Ivonne Marschall

DPA

Con el singular acuerdo de ayer, Estados Unidos, China y Rusia, distanciada por el conflicto en Ucrania, han tirado juntos de la misma cuerda. Al final de una agotadora y maratónica negociación en Viena se selló un acuerdo histórico que constituye un raro logro de la diplomacia. El objetivo del grupo 5+1 (Estados Unidos, Rusia, China, Reino Unido, Francia y Alemania) es hacer más segura la región de Oriente Próximo y Oriente Medio.

Teherán tendrá que limitar su programa nuclear de forma que no podrá desarrollar armas nucleares. A su vez se levantarán paulatinamente las sanciones económicas impuestas a Teherán y el país dejará de estar aislado.

Y ello puede tener consecuencias positivas más allá de Irán y el asunto nuclear. Un ejemplo de ello puede ser la lucha contra la milicia terrorista Estado Islámico (EI), un objetivo común tanto de Occidente como de Irán.

Para EE.UU. e Irán sobre todo el acuerdo constituye un hito, ya que ambos países cortaron sus relaciones diplomáticas en 1979, tras la toma de la embajada de Estados Unidos en Teherán. Pero ahora el secretario de Estado norteamericano, John Kerry, y su homólogo iraní, Mohamed Yawad Zarif, estuvieron sentados en la misma mesa.

A los reformistas en Irán el acuerdo les da alas y para el presidente Obama este acuerdo, junto a la reanudación de las relaciones con Cuba, supone un extraordinario y singular éxito en la política internacional.

Pero todavía no se ha llegado a un apretón de manos ante las cámaras. El acuerdo tiene muchos adversarios, en el Congreso estadounidense pero también en Israel. El primer ministro israelí Benjamin Netanyahu ya ha señalado que se abre “el camino a la bomba nuclear”. Y por muy difícil que hayan sido las negociaciones, no se espera que sea mucho más fácil la aplicación de lo acordado, estiman los expertos.

“Creo que las dificultades comenzarán sobre todo en la fase de la puesta en marcha del acuerdo”, asegura Oliver Meier de la Fundación Ciencia y Política. “Los adversarios del acuerdo tendrán la posibilidad de poner trabas”, apunta Meier.


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