Argentina y Messi necesitan un psicólogo

Copa América

Argentina no había perdido. Pero el rostro de sus jugadores luego del empate ante Colombia era el de la derrota.

Los jugadores se fueron de la cancha cabizbajos, insultados por sus propios parciales, confundidos. Acababan de redondear un desempeño muy pobre y de verse superados en todas las líneas por Colombia, que no ganó porque falló frente al arco y porque el portero Sergio Romero fue figura.

Parece inexplicable que Argentina juegue tan mal teniendo tanto talento en sus filas. Y a esta altura las soluciones probablemente haya que buscarlas en el diván de un psicoanalista.

El trabajo del terapeuta no será fácil.

Primero deberá resolver el desconcierto que reina en un equipo sin brújula, cuyos jugadores, acostumbrados a brillar en los mejores clubes del mundo, parecen no tener un libreto y no saben a qué juegan.

Especial atención deberá prestarle a Lionel Messi, considerado el mejor jugador del mundo por todo el planeta, menos por los argentinos.

Párrafo aparte merecería la hinchada. La terapia difícilmente prospere si no se modifica la actitud de una afición cada vez más hostil, que en lugar de alentar insulta cuando las cosas no salen bien.

Los argentinos parecen envueltos en un círculo vicioso. No saben cómo explotar a Messi y al ver que las cosas no funcionan, se descontrolan. La hinchada los fustiga y eso no hace sino alimentar la frustración y el desaliento.

La escena que se vivió el miércoles en el estadio Estanislao López de Santa Fe fue por momentos surrealista. Rara vez se había visto un abucheo tan fuerte del equipo nacional ni una desorientación tan grande en sus jugadores. El equipo prácticamente no elaboró jugadas en conjunto y Messi volvió a verse aislado, asfixiado por la marca rival, que sabe que, anulándolo a él, anula a toda una selección argentina que no tiene otras fórmulas para llegar al gol.

La frustración de Messi fue tal que hacia el final del encuentro ejecutó un tiro libre desde una posición muy favorable y mandó el balón a las nubes.

La desazón de la hinchada fue también enorme, al punto de que llegó a gritar “Oleee, oleee, oleee, Diegooo, Diegooo’’, como una forma de expresar el malestar con el técnico Sergio Batista.

Maradona sigue inspirando una devoción que pocos entienden fuera de Argentina y que hace que los fanáticos se olviden de que bajo su dirección el equipo sufrió dos de las humillaciones más grandes de su historia al perder 6-1 con Bolivia en las eliminatorias de la Copa Mundial y 4-0 ante Alemania en los cuartos de final de Sudáfrica 2010.

La falta de identidad fue el sello de la selección de Maradona, que se alejó del equipo después del Mundial. Batista, su sucesor, tampoco ha logrado darle a la selección una línea de juego ni ha conseguido armar un equipo en el que Messi pueda brillar.

Tanto Batista como el mandamás del fútbol argentino Julio Grondona dicen que el conjunto debe girar en torno a Messi. Los aficionados, sin embargo, resienten el hecho de que Messi no rinda con la Albiceleste como lo hace en el Barcelona. Hay incluso quienes creen que Messi es el problema, no la solución.

Batista trata de quedar bien con todos y no hace sino aumentar la confusión, insistiendo en alinear a Carlos Tevez y Ezequiel Lavezzi a pesar de que no rinden y de que no se entienden con Messi.

En la particular visión del mundo de los argentinos, Messi no merece una atención especial porque no le ha dado satisfacciones a la selección mayor, y Tevez es el niño mimado por su entrega y su devoción por la camiseta nacional.

“Es un desperdicio fabuloso’’, comentó el columnista Enrique Gastañaga en el diario Clarín del jueves, aludiendo al hecho de que no se logra aprovechar a Messi.

AP, por PABLO ELIAS GIUSSANI


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