«Quería dejar de alquilar»: A los 70, construyó su cabaña en las sierras de Córdoba

Viviana decidió dejar atrás la ciudad para elegir el silencio y la belleza agreste de las sierras cordobesas. En Yacanto compró un terreno sin conocerlo, construyó su propia hogar y hoy inspira a animarse al cambio: "La vida está para vivirla".

Por Redacción

Viviana y su sonrisa en su casa con las sierras como telón de fondo. Fotos: Sueños de ruta.

A los 70 años, Viviana decidió que era hora de dar un giro radical. Cansada de pagar alquiler en Buenos Aires y con el impulso de empezar de cero, se instaló en Villa Yacanto y su belleza agreste entre las sierras en el Valle de Calamuchita, Córdoba. Sin conocer el lugar, sin contactos y con un lote comprado a ciegas, levantó su propia cabaña de madera hace cinco años. No podría haber tomado mejor decisión.


«Quería dejar de alquilar en Buenos Aires»

El punto de partida fue una necesidad concreta. «Vine con la idea de comprar un lote para hacer una pequeña cabaña y dejar de alquilar en Buenos Aires», contó Viviana sobre su llegada a Yacanto en una entrevista de Sueños de ruta. Compró el terreno sin conocer la zona, guiada por la intuición y la urgencia de resolver su vivienda.

Viviana decidió hacer su casa de madera. La fue comprando de a poco, a medida que ahorraba.

Cuando regresó para encarar el proyecto, el escenario era casi desértico. «Todo lleno de zampas, no había calle, no había casas, no había nada», recuerda. Llegó manejando un Renault Sandero 2011, un vehículo que más tarde le serviría para ganarse la vida haciendo traslados y fletes a los turistas y vecinos de la zona, complementando así sus ingresos con su jubilación. Sus siete hijos y los nietos seguían su gran aventura desde Buenos Aires. Ninguno la objetó: saben que ellas es así, cuenta Viviana.


La construcción y el desafío de vivir sin servicios

La cabaña, pensada con una estructura compacta estilo tiny house, se levantó desde los cimientos con esfuerzo propio. «Arranqué con lo que era la carcasa de la casita nada más», señala. Como los postes de la estructura se colocaron invertidos, quedó una planta alta habitable y un espacio inferior que hoy funciona como baño completo, equipado con un mueble diseñado por una amiga y vistas directas al monte.


Durante el primer año, la vida en la montaña tuvo exigencias extremas. Vivió sin agua corriente ni red eléctrica, se sustentaba únicamente con un panel solar y un inversor que le permitían cargar el celular y encender una luz básica. «Estuve un año casi sin luz, sin agua, nada. Comprando el agua, arreglándome con un panel», relata. Lejos de sufrirlo, lo recuerda como una experiencia transformadora: «Lo viví como una aventura, como un desafío de algo distinto, lindo, nuevo«, dice.

La calidez de la planta alta y una gran vista.
Detalle de la planta baja, la zona de la ducha y el baño.

El clima serrano también puso a prueba su temple. Entre ráfagas furiosas que arrancaban chapas en los alrededores y madrugadas en las que levantaba las cortinas para encontrarse con un paisaje pintado de blanco, Viviana aprendió a escuchar el entorno: «Una mañana levanté las cortinas y encontré todo nevado, salí a hacer el muñeco de nieve… Fue realmente maravilloso», recuerda.


Un nuevo horizonte

Ubicada en el corazón de las sierras, Yacanto se convirtió en su hogar definitivo, un espacio de calma donde funciona el «Punto Cero» desde donde parte el camino hacia el cerro Champaquí. Entre la plaza del pueblo, la capilla de Nuestra Señora de la Merced y los bodegones de monte, su rutina se amigó con los tiempos de la naturaleza.

Todos los días desayuna mientras ve salir el sol entre las sierras.

Tras haber consolidado su refugio, Viviana ya proyecta la siguiente etapa: alquilar la cabaña y salir a recorrer el país. Con el espíritu intacto, reflexiona sobre el significado de este cambio de vida: «La vida está para vivirla. Eso creo que es lo más importante. Y que poder vivirla es una gracia, es un privilegio que tenemos todos los días desde que nos levantamos. Y aprender a vivir realmente como se dice con el pan nuestro de cada día».

Para quienes fantasean con dar el mismo paso pero se detienen ante el miedo o la incertidumbre, este es su mensaje: «Que salgan lo antes posible a vivir su vida, a recorrer, a conocer, a viajar, a sentir experiencias nuevas. Que no dejen pasar nada«. Y a aquellas mujeres mayores que cargan con limitaciones, les deja una puerta abierta: «Que me llamen», dice con una sonrisa. Y agrega: «Yo vine acá expulsada de Buenos Aires, no sabía en qué iba a terminar. Acá no había nada. Y terminé con esta hermosa cabaña».

Contacto: https://www.facebook.com/viviana.degrossi/

Entrevista en Sueños de ruta: https://www.youtube.com/watch?v=UETz_2r3Uko


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