Arriesgado experimento



Análisis

Las bombas guiadas por láser y los misiles de crucero que caigan sobre Libia podrían ser operados por la OTAN, pero el cerebro que tome la decisión política de atacar estaría en los despachos del Elíseo o de Downing Street: Occidente intenta concretar un arriesgado híbrido político-militar. Según informaciones próximas a la OTAN, los aliados están cerca de concretar una curiosa amalgama: se trata de intentar que el mundo árabe no deje de prestar su apoyo a la operación militar contra el régimen del líder libio Muamar al Gadafi, un oxígeno fundamental para que las ofensivas sigan adelante. El objetivo de esta simbiosis de nuevo cuño es que el mando militar no esté en manos de la OTAN sino en los despachos de los líderes de Europa, a excepción de Alemania que no desea ni siquiera participar en el embargo naval de armas contra Libia. Turquía, el único socio con población de mayoría musulmana de la OTAN, ya ha advertido que el mando no debería estar, bajo ningún concepto en el cuartel general de la Alianza Atlántica en Bruselas. Ankara no desea ni siquiera que los “bombardeos selectivos” sigan adelante. No obstante, la Alianza sigue sin dar un paso claro al frente de la operación en Libia, cada vez más próxima a un escenario puramente bélico, con el riesgo de atizar una guerra civil en el país. Aunque están reunidos desde el sábado, los 28 grupos de esta alianza militar no consiguen ponerse de acuerdo sobre su papel en el conflicto. Es una muestra tangible de que a la “coalición de los voluntarios”, liderada por el presidente francés, Nicolas Sarkozy, con el apoyo decisivo de su homólogo estadounidense, Barack Obama, y del premier británico, David Cameron, comienzan a salirle grietas por todos los costados. Según explicaba el secretario general de la Liga Árabe, Amre Mussa, nadie desea en el mundo árabe que sea un general de la OTAN, o la alianza como bloque, quien tenga un papel preponderante “de comando” en la operación. Para Francia, el músculo de la operación –el “instrumento”– serían las armas manejadas por artilleros, pilotos o fusileros navales de la Alianza Atlántica, pero las decisiones de activar cañones, desplazar fragatas o lanzar los misiles Tomahawks estará, en manos de –básicamente– tres líderes mundiales: Sarkozy, Obama y Cameron. “La OTAN intervendrá como herramienta operativa”, afirmaba Juppé. El hecho es que desde el sábado, cuando arrancó la operación internacional, los aliados se pasan la pelota unos a otros. Parecen querer distanciarse, para que la “guerra” sea lo más aséptica y “quirúrgica” posible. Nadie quiere ataúdes de sus pilotos derribados en Libia, especialmente Barack Obama.

Fernando Heller DPA


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