Arrorró, morocha

Por MARIA EMILIA SALTO

bebasalto@hotmail.com

¿Qué le canta usted a un bebé, o a un chiquitín de esos que son graciosos payasitos? ¿Cómo hace para dormirlos? ¿Qué sabe de lo que entonan en el jardín de infantes estas tiernas florecillas que, al correr del tiempo, se convierten en esos seres que nos hacen perorar sobre «el abismo generacional»? Si usted ya no tiene responsabilidad sobre niños, es probable que alguna vez los tenga que «entretener».

No pretendo reiterar lo que gente con mucho diploma dice sobre dicho abismo, si bien todo indica que a los franceses algo les falló en la receta. No, mi paciente amigo, mi fiel amiga. Lo mío hoy tiene que ver con pequeños puentes, quizás tan etéreos como una tela de araña (construcción de veras resistente, le cuento de paso), que no evitarán el foso, qué idea. Pero algo puede aportar. Se trata de las canciones que cantamos -y hacemos cantar- a los futuros desconocidos.

En un brevísimo repaso, acudimos a nuestra infancia: arrorró mi nene, ese que no acepta al pícaro sueño que no quiere venir; o arroz con leche me quiero casar, la de las instrucciones para ser una buena niña, que sepa coser, etc., incluida esa ambigua y sin duda pícara expresión de abrir la puerta para ir a jugar. También incorporamos las canciones -órdenes que recibe en el jardín, del estilo al señor Silencio vamos a llamar, y nuestras boquitas vamos a cerrar, o a guardar, a guardar, cada cosa en su lugar, y pobre del párvulo que no pesque rápido cómo viene la mano… Lo que Mariela, que de esto sabe mucho, llama «el currículum oculto».

También conozco seres que tejen a su manera el puentecito que vaya de orilla a orilla, susurrándoles María Elena Walsh, Serrat o Sosa (Mercedes, no Julio). Vamos bien, pero hasta aquí nada nuevo. Porque lo que ocurre es que cuando están del otro lado del abismo generacional, cantan y bailan rock. Aquí vengo yo. No me voy a meter con otros idiomas, si bien creo que si usted le tararea «Yesterday» esa pequeña almita se deleitará. Ya preveo su reacción: el rock nacional es energía de alto voltaje, no apta para tranquilizar; las letras exaltan el sexo (¡qué horror!) o la droga (¡más horror!). No cambie de página, déme una oportunidad y escuche esto: mi casa era un abrazo con aromas / afuera el mar oleaba en adoquines / por suerte había chapas que en la siesta /hacían que llover no fuera triste / Mi hermano heredándome la pilcha / aquella que vistió también a un primo / así fue que aprendimos el secreto / de compartir los parches y el camino (Bersuit dixit).

Aquí va otra: Es tan fácil perderse / en las calles del miedo / no me sueltes la mano mi amor / Arriba morocha / que nadie está muerto / vamos a punguearle a esta vida amarreta / un cacho de sueños / Avanti morocha / que no duele tanto / no tires la toalla / si hasta los más mancos / la siguen remando (Los Caballeros de la Quema dixit).

Y así otras, sin olvidarme del cuarteto y la cumbia, ya que cuando Marita baila dichos ritmos, Tomás baila con ella, y tiene dos años y también se mueve Violeta en la panza de Marita, y debo reivindicar que María le compró a su hijita Agustina una remera de Los Redondos y la nena también los escucha (su alto umbral de percepción deja pasar las cosas inconvenientes para menores de 18 años), y Guadalupe canta y baila mejor que la madre… No todo se trata de tranquilizar: también de liberar esa energía de medio metro de alto.

Puentecitos sobre el abismo. Y como esto se llama «En clave de Y», es decir, de integración, que tal es la función de dicha Y, termino: siga con el arrorró, y todo lo demás también, e incluya el rock y variantes de los/as futuros/as habitantes del otro lado de la profunda brecha generacional.

Créame. Usted va a terminar cantándolas en la ducha: porque el abismo tiene dos orillas.


Adherido a los criterios de
Journalism Trust Initiative
Nuestras directrices editoriales
<span>Adherido a los criterios de <br><strong>Journalism Trust Initiative</strong></span>

Formá parte de nuestra comunidad de lectores

Más de un siglo comprometidos con nuestra comunidad. Elegí la mejor información, análisis y entretenimiento, desde la Patagonia para todo el país.

Quiero mi suscripción

Comentarios