Fútbol para todos... hasta que se termine

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River ya está en la “B”. Y en la sala de espera, el resto de los cinco grandes. Boca, San Lorenzo, Independiente y Racing están en el mismo nivel futbolístico, o peor, que el otrora denominado equipo millonario. Basta con mirar cómo arrancan en la tabla del descenso para el año que viene. Ésta sería la parte triste de la historia. La parte alegre es que, contrariamente a lo que ocurre en cualquiera de las ligas importantes del mundo, en nuestro país, al menos en los últimos años, los campeones han sido equipos medianos y chicos: Vélez, Lanús, Estudiantes, Banfield, Argentinos Jrs. Mientras que aquí All Boys, Arsenal y Godoy Cruz están más cerca de ganar un campeonato que de irse al descenso, los campeones en otras latitudes son casi con exclusividad los equipos grandes: Barcelona, Real Madrid, Inter, Milan, Roma, Manchester United, Chelsea, Arsenal, Liverpool. Evidentemente, algo estamos haciendo diferente de lo que hacen en aquellas ligas. Y por lo tanto, estando en juego la sustentabilidad en el largo plazo, cabría preguntarse si los que están equivocados son ellos o nosotros. Guste o no, a partir de la irrupción de la televisión satelital y la posibilidad de poner en tiempo real cualquier evento deportivo en los hogares de todo el mundo, el fútbol se transformó en un negocio impresionante. Y como tal debe ser manejado. La televisión globalizada significó en los hechos agrandar la capacidad de las canchas. Claro está entonces que si el grueso de la recaudación por venta de entradas en los estadios va a parar a los clubes más convocantes en términos de seguidores, es lógico y razonable, más aún si ahora creció el negocio, que el grueso de lo que están dispuestos a pagar los televidentes por ver, por ejemplo a River, vaya a parar a las arcas de River. Con la implementación de “Fútbol para Todos” la financiación del fútbol argentino se hace a través de partidas presupuestarias del Presupuesto nacional, como la educación, la seguridad o la Justicia (también caso único en el mundo). Esto deriva, en primer lugar, en que no sepamos cuánto podría estar pagando la televisión (los televidentes) por el fútbol y, más precisamente, cuánto pagaría por un partido de Boca o River y cuánto por uno de Lanús, Olimpo o Estudiantes. En otras palabras: hoy no sabemos si el fútbol argentino es capaz de generar la plata que se le destina desde el Estado. Pero tan grave como eso es que, además, esa plata se reparta discrecionalmente entre los clubes sin respetar ningún criterio de capacidad de convocatoria, estructura, tamaño, actividades, etcétera. Según encuestas, los hinchas argentinos se reparten más o menos así: 40% Boca, 33% River, 5% Independiente, 4% Racing y 4% San Lorenzo. Es decir, los cinco grandes tienen el 90% de los hinchas. El 10% restante se lo reparten los otros 14 equipos que completan la Primera A. Pero el reparto de la plata no tiene nada que ver con aquello. Boca y River reciben, juntos, el 15% del total. ¿Cómo? Sí, con el 73% de los hinchas reciben el 15% de la plata; los cinco grandes, con el 90% de adhesión, se llevan el 31% y los 14 chicos embolsan el 69% restante. Creo que no hace falta agregar nada más. Es una irresponsabilidad, hipocresía o falta de información culpar de la situación a supuestas malas dirigencias de los clubes grandes sin tener en cuenta esa distribución. ¿No le resulta llamativo que los clubes grandes tengan malos dirigentes y los clubes chicos buenos administradores? El “Fútbol para Todos” y su reparto opera de la misma manera en que lo haría, por ejemplo, un programa de “Alimento para Todos”, donde los mismos se entregaran gratuitamente a todos los ciudadanos en supermercados y almacenes y luego el gobierno asignara una determinada cantidad de dinero repartido de igual manera que el fútbol. Imagínese qué “buenos” administradores serían los almaceneros del barrio y qué “pésimos” los supermercadistas. Obviamente, a la larga caerían los supermercados. Lo mismo va a pasar en el fútbol. Veremos caer a todos los grandes y será el fin del fútbol en Argentina, al menos, en la forma en que hoy lo conocemos. Si fuera dirigente de Boca rápidamente iría a conversar con los colegas de los otros cuatro grandes y les plantearía armar una liga aparte (recuerde el 90%) antes de que sea tarde. Es decir, antes de que se fundan. (*) Economista

Rolando Citarella (*)


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