Autos caros, pero financiados

Los créditos subsidiados para compra de 0 km es una oportunidad para aprovechar. Especialmente para quienes ya pensaban en la compra de un auto nuevo y/o disponen de un ingreso mensual medio-alto.



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LA SEMANA ECONÓMICA

Los créditos subsidiados para financiar en hasta 60 meses la compra de autos y utilitarios nuevos de fabricación nacional prometen empujar por un tiempo las ventas, pero no tanto como para que se recuperen significativamente en este año de bajón para toda la cadena automotriz. Sin embargo a nivel individual no deja de ser una oportunidad aprovechable, especialmente para quienes ya pensaban en la compra de un 0 kilómetro y/o disponen de un ingreso mensual medio-alto para arriba.

El programa anunciado días atrás por la presidenta Cristina Kirchner y la ministra de Industria, Débora Giorgi, fue bautizado ProcreAuto a semejanza del plan Procrear (que sortea periódicamente préstamos subsidiados con fondos de la Anses para construir o refaccionar viviendas y ya tiene unos 110.000 adjudicatarios). Pero los puntos de contacto son muy pocos, salvo en la intención del gobierno de CFK de impulsar en forma casi artesanal, con políticas activas pero de alcance limitado, la actividad y el empleo en dos sectores que vienen debilitándose por la combinación de recesión y alta inflación.

El plan ProcreAuto tendrá una vigencia inicial de sólo 90 días (hasta el 24 de septiembre próximo) y será financiado con créditos del Banco Nación a una tasa de 17% anual para quienes tienen cuentas sueldo en la entidad (y de 19% para los no clientes) y que será fija en los primeros tres años y variable en los dos últimos. Esta línea financiará hasta el 90% -cualquiera sea el precio- de la unidad a adquirir entre 26 modelos (únicamente 0 km. y en concesionarias oficiales), con la limitación de que la cuota mensual no podrá superar el 30% del ingreso mensual declarado por el solicitante. Como el monto máximo a financiar es de $120.000 y en ese caso la cuota inicial será de casi $3.600, esto supone un nivel mínimo de ingresos de $11.932 mensuales. De ahí que los mayores beneficiarios son quienes cobran sueldos más altos; o bien puedan financiar un monto inferior por disponer de un auto usado en condiciones de vender antes de concretar la compra.

Hay que tener en cuenta además que el costo financiero total será de 26 a 29% efectivo anual; que el solicitante deberá contar o contratar un seguro de vida personal, ya que el crédito no es prendario; y que los beneficios caducarán si se produce un atraso en los pagos superior a dos meses. A la inversa, también se prevé la cancelación anticipada sin costo alguno.

De esta manera, el principal “anzuelo” del plan son las tasas subsidiadas y fijas durante 36 meses, que en ese lapso permiten “ganarle” a la inflación y a futuras subas de precios de los modelos incluidos en el programa. Claramente, el mayor negocio será optar por un crédito a tres años (si la relación cuota/ingreso lo permite), o bien cancelarlo anticipadamente en ese momento si el plazo fuera mayor. De lo contrario, las tasas variables se convierten en un verdadero acertijo para los dos últimos años de vigencia, debido a que el BNA aplicará entonces la tasa Badlar (hoy en 22,75% anual) más un adicional de 7 puntos porcentuales anuales. Aún así, esa tasa resulta inferior a la de los créditos prendarios, a los que el Banco Central acaba de fijar este mes un tope de 37% anual.

Con estas condiciones, queda claro que el principal objetivo del nuevo régimen es alivianar los importantes stocks acumulados por concesionarios y fabricantes en estos meses de derrumbe de ventas (32,3% en el período enero-mayo), las cuales derivaron en una importante caída en la producción (22,2%) y suspensiones alternadas en la mayoría de las terminales automotrices. También es evidente que, para lograr este objetivo, el gobierno de CFK optó por los créditos subsidiados del BNA para no dar marcha atrás con el “impuestazo” (de 30% a 50%) aplicado en diciembre -para frenar la caída de reservas- a los autos con precios superiores a $170.000. Este encarecimiento abarcó no sólo a los importados de alta gama sino a los nacionales de mayor valor. Y casi inmediatamente en esta última categoría quedaron incluidos además varios modelos medianos, ante la suba de precios que se produjo a raíz de la devaluación de enero.

Precisamente en este terreno, el plan ProcreAuto surgió como una salida al conflicto que venía enfrentando al gobierno de CFK con las terminales automotrices, a las que la ministra Giorgi, con aval presidencial, acusó de “pegarse un tiro en el pie” por haber aumentado los precios pese al derrumbe de ventas. Antes y después, las fábricas replicaron que esas subas obedecieron a la pérdida de rentabilidad que significó la paralización de ventas de los modelos más caros a raíz del impuestazo y a la necesidad de cubrir los mayores costos de los componentes importados (que en promedio superan el 60% de cada unidad de fabricación nacional) debido a la devaluación del peso en enero.

El acuerdo finalmente se alcanzó con una fórmula similar a la aplicada un mes atrás para impulsar la venta de motos nuevas (de hasta 200 cc), en 40 cuotas: que las automotrices aceptaran reducir sus precios de lista entre 3 y 13% según marcas y modelos de fabricación nacional. En realidad, muchas de ellas ya venían aplicando últimamente rebajas de hecho, ya sea a través de promociones y descuentos para cupos muy limitados de vehículos (30/40 unidades) o bien ofreciendo planes de financiación a tasas muy bajas (del orden de 10% anual), subsidiadas por cuenta propia. Ahora formalizaron esos descuentos por tres meses y, a cambio, el BNA financiará las ventas a cinco años. Lo más curioso es que el subsidio de tasas será costeado mayormente (4 de 5 puntos porcentuales) por el Ministerio de Transporte, que en rigor debería ocuparse de mejorar el transporte público.

De todas maneras, pocos esperan en el sector que el plan ProCreAuto genere un nuevo boom automotor como el de 2013, con patentamientos récord de 955.500 unidades. Incluso la propia previsión oficial es que se ubiquen este año en 750.000, que algunos especialistas consideran muy optimista. Aunque bajen algo los precios de los modelos incluidos en el plan (que siguen siendo altos en pesos y en dólares) y se subsidie el crédito, hay varios factores que conspiran contra un fuerte repunte de producción y ventas. Entre ellos, la pérdida de poder adquisitivo de los ingresos (por la inflación y la desactualización del piso no imponible de Ganancias); la mayor brecha de precios entre usados y 0 km.; la fuerte renovación de unidades de los últimos años; los altos impuestos sobre los modelos más caros y los mayores costos de combustibles, mantenimiento, seguros y patentes. También desalienta una mayor producción el bajo crecimiento (1,5% estimado para 2014) de la economía de Brasil, destino del 90% de las exportaciones de las terminales argentinas, que cayeron 24,3% en los primeros cinco meses de este año. Incluso un eventual éxito del plan daría lugar a una situación paradojal: complicaría todavía más el declinante superávit comercial argentino, donde la cadena automotriz registró en 2013 un déficit de 9.000 millones de dólares.

Néstor O. Scibona


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