Avanza el peronismo bonaerense

La decisión del juez neoyorquino Griesa a favor de los holdouts alteró los ánimos en la Rosada.



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Tiene muchos problemas el gobierno para andar pensando en la sucesión presidencial. Aunque, en medio de la borrasca -el paro con piquetes del 20N del gremialismo opositor dejó vacías las calles del centro porteño y la decisión del juez neoyorquino Thomas Griesa alimentó las pretensiones de los “fondos buitres” contra la Argentina-, no faltó el funcionario K, en este caso Julio De Vido, que volvió a poner el acento en la reforma constitucional para permitir la re-reelección de Cristina Fernández de Kirchner. Sin embargo, en el peronismo de Buenos Aires ya hay peones que avanzan casilleros para posicionar a quien, en los papeles, es el principal y más calificado aspirante a representar a partir del 2015 “la continuidad con cambios”. Se trata del gobernador Daniel Scioli, quien da muestras de lealtad y gestos de autonomía al mismo tiempo, en el afán de no irritar en exceso a los kirchneristas más cerrados que reniegan de su estilo y trabajan en las sombras para garantizar “la profundización del proyecto” con ella como timonel. Por eso, no sorprendió la irrupción de José Pampuro, un duhaldista que fue ministro de Néstor Kirchner, y hoy proclama que “la calle” alienta la proyección del ex campeón de motonáutica al primer plano. Según Pampuro, Scioli está llamado a “trascender”, a diferencia de dirigentes de “La Cámpora” que, como el diputado Andrés “Cuervo” Larroque, no tienen en su criterio futuro político. Tampoco, la aparición del productor cárnico Alberto Samid, a quien algunos mencionan como “el Luis D´Elía” del mandatario bonaerense, por su función de difundir a los cuatro vientos los deseos ocultos que Scioli calla por cautela. Y en esto, el dirigente de La Matanza se comporta como un justicialista clásico. “Nuestros enemigos no están dentro del movimiento. A los que tenemos que desterrar son la pobreza, el hambre, la miseria, la delincuencia y la droga”, predica. Y si bien destaca lo imperioso que es en esta hora de dificultades “ayudar” a la Presidenta, a la que le augura una jefatura similar a la que tuvo en su momento Juan Domingo Perón, también pronostica cómo será la batalla por el bastón de mando. Pragmático, repite el matancero eso tan mentado de que las peleas entre peronistas terminan con reproducciones. Y hasta tiene la osadía de afirmar que el secretario general de la CGT Azopardo, Hugo Moyano, quien a ojos vista abjuró después de 9 años de acompañamiento “de este modelo que no tiene nada de nacional y menos de popular”, se acoplará al PJ cuando llegue el momento de ir a las urnas. “Que Macri (por Mauricio, el intendente porteño) no se entusiasme, los peronistas iremos unidos, aun con diferentes matices”. Y Samid traza un dibujo en el que el intendente de Tigre, Sergio Massa, cumpliría un rol de locomotora el año próximo, yendo como primer candidato a diputado nacional por la provincia de Buenos Aires, posiblemente escoltado por la ministra de Desarrollo Social, Alicia Kirchner. Cuando se refiere a Scioli y Massa, asegura que “son los mejores, lo dicen las bases” y, si se lo aguijonea un poco, revela que en el equipo de renovación está colaborando activamente el exministro Roberto Lavagna. Apartado del gobierno después de la reestructuración de la deuda, Lavagna tiene altos y bajos. Hoy, como hombre de consulta, sostiene que el kirchnerismo atraviesa una decadencia notable, producto de la falta de resultados en materia energética y generación de empleo. Advierte, en sintonía con el presidente de Uruguay, José Mujica, que a la Argentina en lugar de una tortuga se le escapó la inflación y no acierta con el método para colocarla en niveles razonables. “Chillar y amontonarse para ganar una elección puede servir, pero para gobernar no”, le avisa a Scioli. Y le recomienda un programa global, en contraposición con “los parches y manotazos de ahogado” que le atribuye en esta hora a la Rosada. En esta construcción, aún no nacida, aporta sus ladrillos el empresario Francisco De Narváez, quien después de la exitosa experiencia de 2009, sigue alejado de Macri, con dificultades por su parte en elaborar una estrategia en todo el país para poner al servicio de una derecha liberal. Dar por concluido, sin más, el ciclo de predominio de Cristina, entraña una simplificación brutal del complejo comportamiento de los argentinos. A las exteriorizaciones de un gran sector de la clase media y de trabajadores radicalizados que, entre otras cosas, protestaron por la no adecuación de los impuestos a las ganancias, se sucederán a partir de mañana desenlaces de situaciones vitales para el proceso democrático: el encauzamiento del pago de la deuda externa, en peligro según el ministro Hernán Lorenzino, a raíz de “un colonialismo judicial nocivo para el sistema financiero internacional”; y el plazo del 7D, fijado por la Corte Suprema para que entre en vigencia la ley de medios audiovisuales.

arnaldo paganetti arnaldopaganetti@rionegro.com.ar


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