Ayer temido; hoy, solo y en el ocaso

SANTIAGO.- El general Augusto Pinochet, que durante 17 años encabezó la dictadura más prolongada en la historia de Chile, afronta el ocaso de su vida sin la adhesión de quienes lo apoyaron, con una salud cada vez más quebrantada bajo una orden de arresto domiciliario ratificada ayer por la Corte Suprema.

El general Pinochet, tras este veredicto inapelable, deberá permanecer detenido en su finca costera de Los Boldos, 110 km al oeste de Santiago, donde celebró la llegada del año nuevo junto a sus familiares.

El juez Juan Guzmán Tapia, el mismo que por primera vez lo mantuvo arrestado durante seis semanas entre febrero y marzo de 2001, lo sometió a este segundo juicio en Chile por los asesinatos y desapariciones forzadas de la «Operación Cóndor».

Según los antecedentes del proceso, en noviembre de 1975 Pinochet autorizó la puesta en marcha de ese plan secreto para eliminar a sus opositores, junto a otras cinco dictaduras militares sudamericanas.

Nacido el 25 de noviembre de 1905 en el puerto de Valparaíso (costa central de Chile) Pinochet irrumpió cruentamente en la historia de su país al encabezar el golpe militar que culminó con el suicidio del presidente socialista Salvador Allende, el 11 de septiembre de 1973.

Tras clausurar el Parlamento y suprimir las libertades públicas, el general se convirtió para sus seguidores en un líder que «salvó al país del comunismo» y sentó las bases del actual crecimiento económico, mediante la apertura comercial y la implantación de un modelo de libre mercado.

Para sus detractores simboliza en cambio las peores violaciones a los derechos humanos, con más de 3.000 muertos y desaparecidos como consecuencia de la represión contra «la subversión» y «el terrorismo».

«En Chile no se mueve una hoja sin que yo lo sepa», fue su más célebre sentencias mientras gobernó con mano de hierro y sin permitir oposición alguna. No vislumbraba entonces que su ocaso y las humillaciones comenzarían en Londres, el 16 de octubre de 1998, cuando fue detenido a pedido del juez español Baltasar Garzón para quedar expuesto durante 503 días ante la comunidad internacional como la encarnación de los peores atropellos a los derechos humanos.

Tampoco sospechó que sería arrestado y juzgado en su propio país, como ocurrió el 31 de enero de 2001 por orden del juez Guzmán Tapia, que logró despojarlo de la inmunidad parlamentaria obtenida al convertirse en senador vitalicio y lo enjuició por asesinatos y secuestros. (DPA)

Nota asociada: Pinochet quedó a las puertas del juicio y un arresto domiciliario  

Nota asociada: Pinochet quedó a las puertas del juicio y un arresto domiciliario  


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