Aznar se queda “con la médula de las cosas”

Pedro Aznar consiguió con el tiempo liberarse de lo superfluo y ganar en expresividad, como lo demostró en su disco “Ahora”, que presentará en Viedma, Bariloche y Neuquén.

Por Redacción

Pedro Aznar elige a músicos que toquen “como arte”, no los que ofrecen notas correctamente colocadas.

Pedro Aznar está mezclando el disco y el DVD “Puentes Amarillos – Aznar celebra la música de Spinetta” que saldrá en noviembre, y sus tiempos están más que complicados. Mientras tanto continúa su gira presentación de “Ahora” que lo llevará hoy, a las 21, al Centro Municipal de Cultura de Viedma; el miércoles 24 al Teatro La Baita de Bariloche, y el viernes 26 y sábado 27 al Casino Magic Neuquén. Para el show de Viedma las entradas están en venta en Saavedra 457 a 150 pesos. Aznar escribe todo el tiempo, canciones y no. Ha publicado dos libros de poemas “Pruebas de fuego” y “Dos pasajes a la noche”, separados entre sí por casi veinte años de vivencias. Las bases y las voces de “Ahora”, disco que presenta en su gira patagónica, fueron grabadas en Circo Beat Buenos Aires, y en los estudios Abbey Road hizo el resto. Pero antes, en pleno invierno, se mudó un mes a Mar de las Pampas, y entre meditaciones y soledades compuso los doce temas que integran el compacto. Tras estudiar orquestación y dirección orquestal, escribió las partes y dirigió en Londres el ensamble de cuerdas de veintidós músicos que lo acompaña en el bello “Cuando el amor”, por ejemplo, además de su grupo integrado por Julián Semprini en batería y percusión, el piano y los teclados de Hernán Jacinto: piano y teclados, el percusionista Alejandro Oliva y Coqui Rodríguez en guitarras. Sus tiempos están más que complicados, pero se hizo de un rato para compartir con “Río Negro” el sonido de algunas palabras… –Escuchando “Ya no hay forma de pedir perdón” (“David y Goliath”, ‘96), bellísima canción de amor perdido, pensé en cuestiones ocurridas en nuestro país y el mundo a las que les cabe perfectamente el título… –Uf, son tantas las situaciones, en principio, imperdonables… Si bien yo creo que por todo se puede pedir perdón. Y aunque no te lo otorguen, haberlo pedido sinceramente ayuda a cerrar la herida. Pero hay que dejar muy clara una distinción: una cosa es el perdón de una afrenta personal, emocional, y otra muy distinta es un crimen. Los crímenes de guerra, el genocidio, la persecución, la tortura, no se miden en términos de perdón, se pagan ante la justicia. –Ha pasado mucho tiempo desde tus comienzos y contrariamente a lo que le sucede a otras voces, la tuya se mantiene en la misma tonalidad, aguda, clara, firme, con precisa articulación… ¿Es natural, o? –Sí… Nunca estudié canto. Los que saben me dicen que hago las cosas bien en cuanto a colocación de la voz, respiración y tal. Pero yo lo hago desde la intuición, nomás. Y el cuidado que tengo es el de mi salud general, y un buen descanso. Eso es fundamental. –Un cambio apreciable, se ha dado en tu expresividad, cada vez es más honda y sensible tu forma de decir. –Tiene que ver con maduración, con sacarme de encima barroquismos decorativos y quedarme con la médula de las cosas. Con haber vivido más y más intensamente, en suma… –En “A cada hombre, a cada mujer”(de “Serú 92”), cómo hacés para que tus compañeros sintonicen tus vibraciones, con lo que la canción te resuena por dentro? –Elijo para mi banda colegas que toquen música como el arte que es, expresión interior, y no una sucesión de notas correctamente tocadas. Gracias a eso, rara vez necesito hacer hincapié en que presten atención a lo que se está diciendo, lo hacen espontáneamente.” –“Miedo de morir / antes de saber vivir”, reza “Quebrado” (del CD homónimo, 08). Podrías contarme por dónde andan tus recuerdos cuando la cantás? –Ya no la canto desde el mismo espacio interior desde el que la escribí, felizmente. En ese momento estaba, literalmente, quebrado. Hoy siento que he aprendido algo, gracias a ese tiempo de intenso dolor, y canto desde otro lugar. Pero la urgencia de ahondar en la vida sigue siendo igual, o aún mayor, hoy que entonces.

Eduardo Rouillet


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