“Azulejos” o la espera femenina 

La Compañía de Teatro Azul presenta "Azulejos", una pieza teatral acerca de la espera, con dirección de David Zampini. Será hoy a las 22, en la sala de San Martín 4800 de Neuquén.



NEUQUEN (AN).-La espera y en la misma espera el desdoblamiento de la mujer que espera. “Azulejos” es esa espera y ese desdoblamiento, y mucho más. La Compañía de Teatro Azul, integrada por dos mujeres Jeanette Campos Alvarez y Valeria Gedaminska, bajo dirección de David Zampini, estrena hoy a las 22 en la sala de San Martín 4800 en Neuquén, la obra “Azulejos”.

Otras funciones para apuntar, son el 29 de enero, a las 22, en el cine teatro de Zapala, el 6 de febrero en el Lago Pellegrini y el 9 del próximo mes en Cipolletti.

La pieza fue escrita por el propio Zampini (quien fue director de “Bresler” y “El secreto de la Isla Huemul” ambas de Alejandro Finzi y “La lección” de Ionesco) y marca el debut de la compañía que se formó a mediados del año pasado en esta capital.

Dicen que “Azulejos” es un viaje a la espera…un recorrido a través de esa geografía donde la luz y la penumbra apenas se distinguen por colores pálidos.

Y sobre lo que podrá verse en escena, hay -de parte de esta tríada- promesas, ciertos velos respecto a lo medular de la obra, pequeñas infidencias y algunas líneas pálidas que acicatean aún más, el interés por saber qué quieren decirle al buen escucha, al espectador que todo lo espera y que -se descuenta- puede aguardar hasta el mismo momento del estreno.

En esta pieza “los recuerdos antes que la esperanza sostienen a un cuerpo que no puede ser flor, aunque cada sonido insospechado y cada pliegue de la mañana se empecinen en dibujar el aliento”, sintetizan las actrices.

“Azulejos” habla de espera y desdoblamiento.

“Es la historia de una espera. Y en esta espera lo que realmente interesaba era la persona desdoblada, enfrentada a sí misma”.

Jeanette fue la “disparadora” del tema, sobre cuyas numerosas aristas ya venía reflexionando Zampini. Después, junto a “la otra”, es decir Valeria Gedamisnka, surgió la libertad de la creación, del experimentar con el gesto.

“Las premisas no tuvieron el formato de orden”, según Jeanette.

Era necesario, sí “que estuvieran alejados de algunos estereotipos. Una búsqueda a contramano, de disciplina hechas como la del clown o el teatro-danza”.

Mientras, Zampini asegura que, se las “han jugado” por brindar un trabajo interesante. “En muchas instancias se habla de transgredir los pilares, los principios aristotélicos, pero cuando uno va al escenario de un modo u otro termina siendo aristotélico”, arguye.

La experiencia partió allá en sus comienzos, de una propuesta sin ningún tipo de texto sino “basado en un ideograma, que era la columna vertebral de la creación”.

Después se pasó a un trabajo fundamentado en lo gestual.

“La palabra -explica David- está incluida dentro de la obra. Tiene un peso importante porque no se ha despreciado el texto, pero está atado dentro de un paquete a este ideograma cuyo elemento preponderante es el gesto”.

Se toma pues “los ideogramas como elementos principales de los trabajos”.

Ideograma es el signo que expresa una idea.

El director enfatiza. “Cuando te dicen ¿qué es teatro?, ¿cuál es la escritura?, ¿la palabra escrita?, ¿un dibujo?, ¿la mezcla de ambos?, ¿una historieta?. Esa es la búsqueda de los ideogramas que no es fácil. No es fácil plasmarlo en una síntesis, lo que no quiere decir que no sea accesible hacerlo”.

“Azulejos” de Azul compañía es texto, es gesto, es ideograma y es “como si los espejos fueran verdaderos. Por cada vez que esperes, cuando veas el cielo y el infierno y seas dos, el mar te llamará con los ojos azules desde ese lugar de almendras y piel trasparente y que casi siempre estuvo lejos”, según David. 


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