Bajar la presión

Redacción

Por Redacción





análisis

La presión era fuerte. La tragedia -que estaba escrita- movió las fibras más sensibles de una población indignada por la desidia y falta de responsables. El desdén de algunos funcionarios y el largo silencio de la presidenta también estaban bajo juicio. Y flotaba en el aire la sospecha de una nueva impunidad, forjada desde la certeza de que por años hubo sintonía fina entre los empresarios de TBA y funcionarios de un gobierno generoso en subsidiar y abrir puertas para negocios de los Cirigliano. Cristina aprovechó el acto de ayer para buscar dar una señal inequívoca de que no quiere la impunidad. Preparó el terreno: desde el comienzo y a lo largo de todo su discurso hubo una invocación dolor-muerte, una asociación entre la angustia que le genera la ausencia de su esposo y el pesar de las familias por 51 ausencias. Estaba dirigida a quienes criticaban su silencio: “Con la muerte no”, dijo sin embargo. Frente a todos los indignados y hasta los mismos sectores oficiales que presionaban en estas horas por una rescisión de la concesión -o cuanto menos una intervención-, la presidenta buscó bajar la presión. Dejó en claro que la tragedia “tiene nombres y apellidos”, apuró a la Justicia para que en 15 días estén las pericias y prometió decisiones. “En este caso tiene que haber justicia de una buena vez”, subrayó. Una cuenta regresiva que estará en la cabeza de todos.


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