Balada «quijotesca» y sentimental

Jorge Armani es el mejor "violero" de jazz de Mar del Plata.





NEUQUEN (AN).- Hace un par de semanas Fito Paéz desnudaba una nueva faceta de su prolífica contextura musical y artística. Ese sábado, ante un auditorio extasiado por lo suyo y la «mano» maravillosa del maestro Gerardo Gandini y su orquesta de cuerdas, exponía una ventizca de intranquila molestia: «Parece que los músicos jóvenes de hoy nunca hubiesen escuchado a (Alberto) Spinetta y a Charly (García). Fito no sólo despotricaba contra la nueva generación de rockeros que se desvive por la concepción del hit que los hará famosos, sino que iba al hueso de la cuestión, apuntaba hacia modas y el negocio de la música. Jorge Armani es otro de los artistas desvelados por este intrincado tema.

El músico, mayor exponente «violero» del jazz que late en los suburbios de Mar del Plata, camina a contramano de las convenciones y las disposiciones que demandan en la inquieta y carnívora fábrica de la música. «Hoy agarran a un pibe que es panadero, te lo ponen en la tevé y te dicen '¿te gusta?, bueno, llamá por teléfono y votálo'».

Armani y su trío, que completan Alfredo Facciolo en bajo y Daniel Hoyos en batería, llegará a la región después de cuatro años de ausencia. Esta noche, a partir de las 21.30, actuará en la Casa de la Cultura de General Roca, y mañana, a la misma hora, lo hará en el Aula Magna de la Universidad Nacional del Comahue de esta capital.

Cada una de las palabras que viborean por el cableado telefónico van cargadas de una amabilidad poderosa, por momentos hay angustia, en otros se dejan arrear por un esceptisismo cruel, latente y real. Jorge es músico y docente por elección, aunque en un principio esto último comenzó por necesidad. Grabó varios discos, los últimos dos entre el 2003 y el año pasado.

«Octubre 2003» es un CD doble, grabado en vivo, «Antes y después» salió a fines del 2004, y es una dulce llaga de la que se podrá disfrutar en la región. «Este último disco mezcla la actitud del 'vivo' con la sonoridad y el control del estudio. Pero además hay algo muy personal…»

-¿Tiene que ver con una faceta importante de tu vida, por qué 'Antes y después'?

-Fue gestado por problemas personales que tuve, por una dura separación (matrimonial). Así se concibió.

-Un disco que refleja un mal momento personal.

-Sí. Para mí el artista no debe dejar llevarse por las emociones particulares, tiene que brindar la emoción que emana la canción. Pero también es cierto que en la creación también puede influir un estado de ánimo particular.

-Hay varias canciones con esos tintes.

-En algunos temas se plasma el lado personal, sobre todo en el que lleva el título del disco, una balada con la que enfrento el asunto.

Desde hace años, escuchar jazz es quizá un síntoma de extravagancia, un género de pocos y con hábitos hasta de «reclusión», soledad y contemplación. Mal que le pese, Armani también lo siente así.

«El jazz, en nuestro país, tuvo su auge hace algunos años, ahora está como estable, como estancado.Hay una cuestión de crisis en la parte musical, los medios y la industria sólo buscan el negocio», dice.

-No es una novedad, pero estando dentro se siente el doble.

-Claro. En las décadas del '60 y el '70 los músicos dominaban la escena, tomaban las decisiones. El productor sólo miraba y asentía, como debería ser, pero ahora son ellos los dueños de todo. Ahora, agarran a un pibe que laburaba en una panadería y en unos días lo hacen cantant de masas. De la televisión, ni hablemos.

-¿Cómo es eso..?

-Yo sé que el jazz en ningún sentido es música de alta producción comercial, no es negocio para nadie. Los lugares se ocupan de a uno; un día vende mucho Salinas, entonces van con él, otro día es Malosetti. Lo que buscan es uno que venda mil (discos), no diez que vendan cien. Es más, antes habían programas de tevé, como el de Badía (aunque ahora volvió en el canal estatal) que pasaban otro tipo de música. Ahora nada, y lo que no sale por ahí la gente se olvida: un día los jóvenes van a creer que el «Flaco» Spinetta es sólo el padre de uno de los Illia Kuriaki. El artista debe laburar como un mono, y los réditos los ven otros, por ejemplo la tevé.

-Hoy está difuso el tema de los grandes ídolos.

-No quiero parecer un viejo, pero en los '80 había, en el rock, tipos maduros, con cosas para dar. Hoy es un negocio total. Fito tiene razón en ofrecer un recital genuino, que es placentero escucharlo, y también en decir lo que dice. El rock esta asombrado y confundido. No hay ídolos a los que mirar, o se miran a los que no son indicados. A los pibes les falta rebeldía, hoy la onda es el cover. Un músico amigo me contó que un productor, mientras él le mostraba una canción, sacó un cronómetro y le dijo: 'si en un minuto no aparece el estribillo no me sirve'. Aún así, es un placer ser independiente.

Sebastián Busader

Un puente entre Armstrong y Led Zeppelin

NEUQUEN (AN).- «No creo en el hermetismo. Me gusta Maradona, pero también Pelé», explica el músico.

Jorge Armani echó mano a una metáfora futbolera para explicar que por sus dedos no sólo discurre el jazz puro, sino que la fusión, «bien entendida», también es un placer de los que disfruta.

«Yo espero que el jazz puro, el de raíz, nunca se pierda. Yo creo en las 'fundamentales', pero también sé que la fusión bien entendida es hermosa. Yo me enamoro de (Louis) Armstrong, pero también me encanta Led Zeppelin. A veces se juntan y sale algo lindo y placentero. Muchos músicos tradicionales reniegan por eso, creo que el problema lo tienen ellos.

-Con todo lo que dijo, y si bien es un placer, ¿vale la pena ser independiente?

-Dejando lo económico, claro que sí, porque es la única forma si tenés algo para dar. Dame un pan digno para criar a mis hijos que yo hago lo que quiero con mi arte, pongo la cabeza en la almohada y duerme bien, tranquilo. El trabajo es el doble, pero no hay problemas con ser de abajo.


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