El turismo chileno se afianza y deja su sello en Bariloche

Febrero es el mes de los turistas que llegan del otro lado de la cordillera, alentados por un dólar que los favorece. La nafta es más barata, pero los atraen las bellezas naturales y los servicios.

14 feb 2018 - 00:00

Además de ser el mes del carnaval y del feriado súper largo, febrero se caracteriza por atraer a Bariloche un gran número de chilenos, que disfrutan de los paisajes y playas, pero también demandan servicios de calidad y contribuyen a engrosar la facturación de bungalows, restaurantes y comercios.

El secretario de Turismo municipal, Gastón Burlón, destacó que se trata de un público “muy importante” y por eso el Emprotur realiza desde hace varios años una campaña específica en el país vecino, previa a la temporada de verano.

Los cambios en la cotización del dólar registrados en la última semana acomodaron algunos precios en beneficio de los visitantes chilenos. Pero aun así varios de los consultados señalaron que Bariloche les resulta caro, salvo el combustible y algunos artículos específicos como los medicamentos.

El atractivo de una gran ciudad rodeada de cumbres, bosques y lagos es lo que seduce a los chilenos, aunque algunos de ellos reconocen también que hay un componente “snob” en la decisión de vacacionar en Bariloche. “En los últimos años creció en Chile una clase media de mayor nivel socioeconómico. El sur chileno también tiene muy lindos lugares, pero siempre está esa cosa distinta de cruzar a otro país” analizó Tito Herrera, de Valdivia, quien viaja seguido a la región.

Febrero es para ellos el mes más fuerte de las vacaciones, porque toda la administración pública entra en receso y también muchas grandes empresas licencian a su personal.

Durante el último fin de semana fue incesante la caravana de vehículos con patente chilena en el paso Cardenal Samoré, que también registró intenso tránsito en sentido contrario.

Si las colas en la frontera son un clásico, también lo son las expectativas que produce esa afluencia en el comercio local.

Martín Chaves, titular de la chocolatería El Arrayán, calificó a los chilenos como buenos clientes, aunque “son de pedir rebaja, regatean el precio, casi tanto como los brasileños”. Consultado sobre si esta temporada vinieron en número mayor, dijo que “puede ser que sean más ahora que el año pasado, que fue malo, pero seguro menos que en 2016”.

En la casilla de venta de Teleférico Cerro Otto en Mitre y Villegas, Yésica Franke aseguró que a los turistas transandinos los precios les resultan un poco altos, “les cuesta, pero vienen igual. Les encanta Bariloche”. Dijo que viajan en familias grandes, con chicos y hasta tíos y abuelos. Suelen moverse en vehículo propio y se alojan en cabañas, antes que en hoteles.

“Lo que les gusta es que la pasan bien, valoran la buena atención y la dinámica que manejamos”, opinó Yésica.

Los visitantes chilenos son buenos clientes de restaurantes y cervecerías, porque entre ellos suelen pasarse datos sobre “lo bien que se come” en Bariloche. También compran artesanías y recuerdos, y no dejan de frecuentar los supermercados, ya que muchos se cocinan en las cabañas y bungalows.

Burlón dijo que no hay estadísticas todavía sobre la cantidad de turistas chilenos que eligieron este año viajar a la ciudad, pero destacó que “son muy fieles y para ellos Bariloche ya es un clásico”.

“La ciudad es hermosa y la comida exquisita, pero los precios de restaurantes y alojamientos, bastante altos”.
Carolina Moya, Yésica y Solange Stansfield llegaron desde Santiago.
Tomás Palacios vive en Viña del Mar, ya conocía Bariloche.
“Fuimos al cerro Otto y quedamos maravillados. Acá uno la pasa muy bien, la comida es calidad y también los servicios”.
Tito Herrera, de Valdivia, fue vocero de dos familias que viajaron juntas.
Bariloche

Seguí informado, suscribite GRATIS a nuestro newsletter

NEWSLETTER

Suscribite a “Noticias del día”Recibí todas las mañanas un correo con toda la información.