Basta de masacres



El 6 junio de 1982, por orden del ministro de Defensa israelí Sharon, 60.000 soldados invadieron el Líbano. En los primeros días murieron alrededor de 18.000 personas y unas 30.000 resultaron heridas. La OLP que estaba en ese país, lo abandonó el 1 de setiembre de ese año. Los israelíes permanecieron años en el sur del Líbano y surgió entonces el Hizbollah y comenzaron a retirarse paulatinamente en el 2000. Resultado del conflicto: la muerte de 150.000 libaneses, el exilio de una cuarta parte de la población y la destrucción de la economía libanesa.

El 9 de diciembre de 1987 comenzó la primera intifada palestina en Cisjordania y Gaza. Al año siguiente, el Consejo Nacional Palestino proclamó el Estado de Palestina a Arafat presidente y reconoció la existencia del Estado de Israel.

En un paso decisivo para la coexistencia, el 13 de setiembre de 1993 el primer ministro de Israel, Isaac Rabin, y el presidente Arafat firmaron una Declaración de Principios para un autogobierno palestino. Era la base para un paz duradera. En 1994 se estableció la Autoridad Nacional Palestina (ANP). Las tropas israelíes iniciaron su retiro de las principales ciudades árabes.

El 4 de noviembre de 1995 un estudiante judío de extrema derecha asesinó a Rabin. En mayo ganó las elecciones Benjamin Netanyahu y se paralizó el proceso de paz.

En 1996, Israel bombardeó a Qana, donde había un complejo de las Naciones Unidas lleno de refugiados. La protesta internacional obligó a detener la ofensiva. Las tensiones se agravaron cuando en 1997 el nuevo gobierno decidió construir una colonia judía sobre la colina de Abu Gneim, en la parte árabe de Jerusalén.

En 1999, se vencieron los plazos del acuerdo de paz ya frustrado.

Las tensiones aumentaron aún más cuando Sharon fue elegido primer ministro en febrero del 2001. En el 2002 se produjo la matanza de palestinos en el campo de refugiados de Yenín, donde murieron cien personas. Aumentaron los atentados suicidas contra los israelíes.

El gobierno de Israel decretó el final de los acuerdos Rabin-Arafat y el Superior Tribunal de Justicia judío legitima, en un fallo sin precedentes, la tortura como método de interrogatorio y aplica la política de “tolerancia cero”.

Olmer asumió el cargo de primer ministro en funciones en enero del 2006. Haniyeh fue elegido en Palestina como primer ministro luego del aplastante triunfo de Hamas en los comicios del 25 de enero de este año.

Mientras, EE.UU. intervino por diferentes motivos en países con abundante gas y petróleo, como es el caso de Afganistán y de Irak y, pese a los anuncios de retiro de tropas, lo cierto es que ha tenido muchas bajas y ha enviado más soldados a la región. Siente que además no tiene poder de incidencia en Irán, país que es parte del “Eje del mal”, como los grupos Hizbollah y Hamas.

Estados Unidos no puede controlar políticamente la región, por lo que recurre a la acción militar con la invasión a países y el anuncio de nuevas guerras preventivas.

El 12 de julio, el Estado de Israel atacó al Líbano y bombardeó a poblaciones civiles, siendo excesivo el número de niños muertos. Los periodistas fotografiaron rostros y cuerpos de cientos de niños sin vida, otros heridos y la desesperación de los miembros de la Cruz Roja corriendo con ellos en brazos.

Esa guerra que nos parece tan lejos, debe llamarnos a la reflexión:

Hasta ahora se ha explorado el camino militar de resolución de conflictos, con la convicción de que debe eliminarse al otro, de que el otro debe escarmentar el castigo aunque por esa vía no hubo capacidad de solucionarlo. La única esperanza fue el diálogo iniciado por Rabin y por Arafat, lamentablemente desechado y ambos dirigentes muertos.

Hay intereses puestos en las acciones militares por parte de las grandes multinacionales que operan con el gigantesco negocio de la fabricación de armamentismo.

En la actualidad existen más de 73 guerras, debidamente silenciadas, con lo cual se explica que casi un tercio de la actividad económica dependa directa o indirectamente del complejo militar. Tal vez mañana también vengan por Latinoamérica, donde son numerosas las bases militares que EE. UU. está colocando en el continente.

Atónitos, aunque hartos de masacres, el mundo contempla este horror y como nunca comienzan a levantarse voces, más allá de los gobiernos, para manifestar su indignación.

¿Hasta qué grado de atrocidad puede el ser humano tolerar? El Observatorio de Derechos Humanos, en el día 21 de setiembre, se unió a miles de voces que piden por la paz y reafirma que la única tolerancia cero válida es la que debe ejercitarse contra semejantes masacres.

 

 

 

ANA CALAFAT (Coordinadora del Observatorio de DDHH).

Especial para “Río Negro”


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