Beneficios de los humedales



Humedal, un término relativamente nuevo para nombrar a sitios que han albergado vida hace siglos. De acuerdo con lo establecido por la Convención Ramsar (1971), los humedales comprenden una gran variedad de ambientes, entre los cuales encontramos las aguas de régimen natural o artificial, permanente o temporal, estancado o corriente, dulce, salobre o salado, incluyendo las extensiones de agua marina que no excedan de seis metros de profundidad. También son considerados humedales los estanques para la acuicultura, las salinas para la explotación de sal, las áreas de excavación y hasta los reservorios de agua para irrigación o consumo humano.

El 2 de febrero de 1971 se realizó la reunión fundacional de la Convención Internacional de los Humedales, en Ramsar, pequeña ciudad de Irán, a orillas del mar Caspio, y por eso cada año en esta fecha se celebra el “Día Mundial de los Humedales”.

Sus valores culturales: muchos humedales son importantes por aspectos religiosos, históricos, arqueológicos y culturales para las comunidades locales. Su conservación en el Perú se remonta a la época de las culturas preincas, hasta el presente.

Desde tiempos antiguos, muchos pueblos indígenas vivieron asociados con ambientes de humedales. Los “muiscas” en Colombia consideraban sagradas las lagunas y, según sus leyendas, los primeros seres humanos surgieron de la laguna de Iguaque.

Aunque la etnia “uru murato” ya había descubierto las propiedades de los lagos Uru Uru y Poopó 2.000 años antes de Cristo, recién en el 2002 fueron declarados como humedales de importancia internacional por el mundo de la ciencia y de la conservación.

Antiguamente, los pobladores se asentaban a las orillas de los humedales para aprovechar la regulación climática que éstos ejercen, estableciendo un equilibrio en el medio y la conservación de recursos.

Las lagunas de Guanacache (Mendoza, San Juan y San Luis) estuvieron habitadas por comunidades huarpes y presentan gran importancia histórica y cultural para la región.

 

Se dañaron por años

 

Durante muchas décadas, se consideró que eliminar los humedales equivalía a progreso, porque atenuaba los riesgos de inundaciones, mejoraba las condiciones higiénicas del entorno y permitía recuperar tierras para la agricultura y otros usos, como el de edificar urbanizaciones o levantar áreas industriales.

Muchas lagunas, esteros, charcas y zonas pantanosas naturales han quedado reducidas a su más mínima expresión porque se taparon para dar paso a construcciones como carreteras, obras civiles, asentamientos humanos, granjas, casas, etc. Muchos fueron desecados mediante drenajes para promover actividades agrícolas o convertidos en depósito de desagües domésticos, hoteleros, industriales y mineros.

En realidad, parece que nadie los ha echado de menos. Son recuerdos de viejos pobladores, y el común de la gente mantiene la creencia de que los humedales no valen para nada.

Pero, con el transcurrir de los años, la comunidad científica se ha percatado y convencido de que estos humedales, o cuerpos de agua, poseen un gran valor natural y resultan muy útiles para el ser humano.

 

Los humedales en la crisis mundial del agua

 

Éstos son un elemento fundamental para la obtención de agua potable a largo plazo. Debido a los procesos naturales de filtración que se producen cuando el agua pasa a través de ellos se los ha llamado “los riñones del planeta”.

La protección de los humedales tiene repercusiones a escala mundial en el problema del agua. Se ha estimado que aproximadamente 8.600.000 km2 (en torno del 6,4% de la superficie terrestre del mundo), una franja algo mayor que la de Europa, están cubiertos por humedales. Hay en todos los continentes, excepto en el Antártico, y en todos los climas, desde los trópicos a la tundra. Los porcentajes mayores corresponden a turberas altas (30%), turberas bajas (26%), pantanos (20%) y llanuras aluviales (15%), en tanto que los lagos representan el 2% de la superficie total. Los suelos turbosos ocupan, en conjunto, más de 2.300.000 km2.

Si la comunidad mundial reconoce el capital natural que representan los humedales y les atribuye un papel destacado en la respuesta a la crisis del agua, ha de reconocer también la vitalidad de la Convención de Ramsar y el apoyo con el que cuenta. Ésta no es toda la respuesta, pero resulta una parte fundamental de ella, en la misma medida en que los humedales son un elemento de importancia vital. Constituyen un componente vital de cursos de agua “sanos” y sostenibles.

 

Humedales en la Patagonia

 

En el trabajo “Estado del conocimiento de humedales del norte patagónico (Argentina)”, los especialistas María G. Perotti, María C. Diéguez & Fabián G. Jara dicen: “Las áreas de humedal ocupan casi el 5% del territorio de la Patagonia argentina. En la zona extrandina y el desierto patagónico estos ecosistemas son esenciales para sostener numerosas especies de fauna y flora silvestre. Además, los humedales del norte patagónico permiten el desarrollo de comunidades acuáticas complejas y constituyen el hábitat crítico de grupos de organismos como los peces y los anfibios, incluidos en listados de conservación prioritaria. Estos ecosistemas tienen un funcionamiento complejo que depende estrechamente de las fluctuaciones de las variables meteorológicas y son por lo tanto muy sensibles a los efectos del cambio climático…”.

Conclusión: los recursos naturales provistos por los humedales resultan el soporte de muchas economías regionales y el mantenimiento de numerosas actividades sustentables

Por eso es de vital importancia que colaboremos con la protección, el manejo y uso racional de ellos.

 

 

NORBERTO OVANDO (*)

Especial para “Río Negro”

(*) Vicepresidente Asociación Amigos de los Parques Nacionales (AAPN)

Experto Comisión Mundial de Áreas Protegidas (WCPA) de la UICN.

Red Latinoamericana de Áreas Protegidas (Relap)

NORBERTO OVANDO


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