Brasil, o el arte de la guerra aplicado a la venta de armas



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Brasil puso recientemente todo su empeño en mostrar en una convención en Río de Janeiro su floreciente industria armamentista, que el país quiere expandir para satisfacer la demanda de un mundo arrasado por los conflictos.

Las empresas brasileñas sumaron 150 de las 650 marcas que participaron de la muestra de la industria de defensa LAAD, en la que ofrecieron desde aviones de carga hasta balas trazadoras.

Fueron las representantes de un sector que mueve 200.000 millones de reales anuales (64.000 millones de dólares), equivalente al 3,7% del Producto Interno Bruto (PIB), que el gobierno del presidente Michel Temer busca potenciar.

En la tienda del fabricante de armas Taurus, un grupo de hombres inspeccionaban el último rifle de asalto y se turnaban para apuntar hacia objetivos imaginarios. Visitantes ataviados con uniformes camuflados manipulaban chalecos antibalas en Glagio do Brasil y otros se trepaban a un bote de alta velocidad repleto de armas automáticas construidas por DGS Defence.

Había un particular interés en Condor, especialista en armas no letales. Dos funcionarios de la República Democrática de Congo, con uniformes de brocado dorado, examinaban bombas de gases lacrimógenos y balas de goma, una de las cuales tenía una curiosa etiqueta: “Soft Punch” (golpe suave).

El portavoz de la empresa, Marco Senna, indicó que el grupo ya vende equipos antidisturbios en 50 países y que está con espíritu de combate: “Tenemos presencia en el mundo árabe y queremos entrar en el mercado asiático, que tiene potencial y podría decirse que está sin explorar”.

A primera vista, la industria de defensa, que según datos del sector emplea unas 30.000 personas e indirectamente a 120.000, podría parecer extemporáneo para un país como Brasil.

La mayor economía latinoamericana suele vincularse con una impronta pacífica, que incluye estereotipos como la alegría del Carnaval, de su música y de sus exquisitos futbolistas o, más recientemente, los exitosos aviones de pasajeros Embraer.

El país, que figura entre los cinco con mayor superficie y mayor población del mundo, básicamente no tiene enemigos.

Sin embargo, el gobierno quiere conquistar nuevos territorios en un campo dominado por Estados Unidos, Rusia, Francia, Gran Bretaña y un puñado de otros exportadores.

El ministro de Defensa, Raul Jungmann, anunció esta semana que el banco de fomento, BNDES, ofrecerá créditos para la compra de armas brasileñas.

“En términos globales, estamos viviendo un momento que en el pasado llamábamos de ‘rearmamento’”, dijo a periodistas. “El mercado de defensa es un mercado en expansión y Brasil precisa tener condiciones para competir en condiciones de igualdad”.

El avance agresivo sobre el mercado de armas ha generado críticas.

Taurus, que tiene una planta en Miami para dar apoyo a sus negocios de revólveres de uso civil en Estados Unidos, como el gigantesco “Raging Bull” 44 Magnum, quedó involucrado en una controversia sobre embarques ilegales a un comerciante yemení.

Pese a que Taurus no enfrenta acusaciones, el episodio alimentó las preocupaciones de que a Brasil pueda salirle el tiro por la culata, dado que Yemen está en la lista de países sancionados de la ONU.

Robert Muggah, director de investigaciones en el Instituto Igarapé, en Río, dice que hay bombas de racimo brasileñas que podrían haber sido usadas en Yemen, mientras que dispositivos antidisturbios han llegado a países que no tienen la mejor foja en materia de derechos humanos, como Bahréin y Egipto.

“Brasil es particularmente opaco a la hora de reportar los movimientos y el destino final de sus armas”, dijo en un email.

El gobierno sostiene que todas las exportaciones son rigurosamente controladas y reguladas. Sin embargo, ni siquiera está disponible el dato de las ventas al extranjero.

“No desagregamos esa información y estamos buscando solucionar eso”, dijo Jungmann al ser consultado por la AFP.

Muggah, un experto en cuestiones de seguridad, describe a Brasil como un “jugador de mediana escala”, pero “una potencia mayor en las exportaciones de armas pequeñas, ligeras y en partes y componentes de municiones”. Figura entre los primeros cinco vendedores globales.

Mauricio Lima, representante del sindicato de la industria de las armas en la feria, dijo que Brasil puede estar satisfecho con sus ambiciones.

“La gente piensa en la industria de defensa como una industria de la guerra y la destrucción, pero básicamente se ocupa del orden”, dijo.

Y pese a que la honda recesión económica y los cortes presupuestarios del gobierno indican que no será simple seguir el ritmo de los países ricos, la crisis trajo algunos beneficios al sector.

“Hasta hace unos tres o cuatro años, importábamos gas lacrimógeno”, apuntó.

“Pero con la crisis social y las protestas callejeras, las compañías (brasileñas) comenzaron a fabricarlas. Ahora, hasta exportan”.

(AFP)

A primera vista, la industria de defensa, que emplea unas 30.000 personas e indirectamente a 120.000, podría parecer extemporáneo para un país como Brasil.

El gobierno sostiene que todas las exportaciones son rigurosamente controladas y reguladas. Sin embargo, ni siquiera está disponible el dato de las ventas al extranjero.

Datos

A primera vista, la industria de defensa, que emplea unas 30.000 personas e indirectamente a 120.000, podría parecer extemporáneo para un país como Brasil.
El gobierno sostiene que todas las exportaciones son rigurosamente controladas y reguladas. Sin embargo, ni siquiera está disponible el dato de las ventas al extranjero.

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