Brasil vuelve a ajustar pese al malhumor social
Las medidas apuntan a evitar el déficit fiscal.
AP
BRASILIA.- Brasil anunció ayer un nuevo plan de austeridad para intentar capear la crisis económica, pero que arriesga aumentar la ira de la población contra la debilitada presidenta Dilma Rousseff. Tras haber perdido el sello de buen pagador a manos de la agencia Standard & Poor’s y sumergida en una recesión, la séptima economía global “cortará la carne” del gasto estatal, como dijo el ministro de Hacienda Joaquim Levy, para evitar que Moody’s o Fitch sigan el mismo camino que llevó a la deuda de Brasil a la categoría de bonos “basura”. El plan consiste en postergar ajustes salariales y contrataciones del sector público, eliminar 10 de los 39 ministerios, reducir mil empleos estatales y recrear un viejo impuesto a las transacciones financieras. También contempla recortes quirúrgicos en el sensible terreno de los programas sociales en vivienda y salud, la marca de fuego del Partido de los Trabajadores (PT, izquierda, en el poder hace 12 años) y uno de los pilares del boom brasileño que sacó a 40 millones de personas de la pobreza. ¿La meta? Pasar del actual déficit fiscal primario de 0,5% del PBI para el año próximo, que le hizo perder el sello de buen pagador, a lograr un superávit de 0,7%, lo que implica conseguir 64.900 millones de reales (u$s 17.030 millones) más de los previstos inicialmente. Pero antes de salir del papel algunas de estas medidas deberán ser aprobadas por el Congreso, que ha actuado con rebeldía a las propuestas del Palacio de Planalto. El presidente de la cámara de Diputados Eduardo Cunha, principal enemigo de Rousseff en el legislativo, consideró insuficiente el “seudocorte” anunciado y estimó “poco probable” la aprobación del impuesto financiero. El propio gobierno de Dilma espera una contracción del PBI de 1,8% en 2015, según la última cifra actualizada el lunes, mientras el mercado es menos optimista: prevé una caída del PIB de 2,55% y que la recesión se arrastre durante todo el 2016. La crisis golpea en todos los frentes y derrumbó a un dígito la popularidad de la sucesora del presidente Luiz Inácio Lula da Silva, apenas siete meses después de haber iniciado su segundo mandato. Acorralada por la recesión, el desempleo y la inflación crecientes, así como por las sospechas de corrupción que salpican a su partido y a su gobierno por un festival de fraudes en la estatal Petrobras, Rousseff redujo progresivamente la meta de déficit fiscal hasta que este mes presentó al Congreso un presupuesto en rojo. Fue la gota que colmó el vaso para los mercados, que le retiraron la confianza. “Hay medidas que son bien impopulares (…) y afectarán el apoyo que el gobierno Dilma aún conserva especialmente en las clases más bajas”, dijo el economista independiente Felipe Queiroz. Los mercados reaccionaron positivamente a los anuncios. La bolsa de Sao Paulo cerró con un alza de 1,89% y el real, que perdió un 30% de su valor en lo que va del año, se apreció en 1,68% ante el dólar. En algo menos de un lustro, Brasil perdió la estrella que hizo que el mundo desarrollado lo mirara con fruición en 2010, cuando su economía creció 7,5% y se preparaba para ser sede del Mundial de fútbol 2014 y de los Juegos Olímpicos en 2016, que se harán en Río de Janeiro. (AFP)
AP
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