Brincos por allá, viáticos por acá, sonrisas en varios lados 

El médico Pedro Mazzolleni no llegó a secretario de Salud Pública por desborde de talento para el cargo.

Llegó por un camino que a la hora de decidir un nombramiento generalmente define con desigual tino: la política.

Es decir, su designación fue el resultado de las necesidades políticas de los dos hombres con mayor poder en el gobierno: el gobernador Pablo Verani y su ministro de Acción Social Daniel Sartor.

Una de esas necesidades es fortalecer la trama de relaciones que ambos tejen con el intendente de Cipolletti Julio Arriaga, al que aspiran ver como candidato de la Alianza para el 2003.

Al borde de iniciar el segundo período, en función de aquel objetivo, Verani/Sartor tomaron una decisión: colocar a hombres de la máxima confianza de Arriaga en sitios de poder.

Entonces, Mazzolleni fue uno de los elegidos.

Y Verani/Sartor alentaron a nivel nacional la designación de otro incondicional de Arriaga: el cardiólogo Ramón Valdez en el PAMI de Río Negro.

Con importante inserción en la Federación Médica de la provincia, Mazzolleni-Valdez representan una sólida inserción de Arriaga en el manejo de un sector de suma gravitación social: el aparato de salud.

Este avance objetivo de poder de Arriaga genera celos y resistencias dentro del radicalismo, partido que abandonó hace siete años.

Celos y resistencias que expresan el temor de no pocos dirigentes a que abrazado por Verani/Sartor, Arriaga les liquide sus expectativas políticas.

En consecuencia, el fervor culinario con que Mazzolleni consumió viáticos genera una lectura política.

Aunque Mazzolleni pueda hoy justificar el uso de esos recursos, esto no es contradictorio con la convicción de que el gasto tiene perfiles de exageración.

Se suma a esto el hecho de que la semana anterior, al momento de visitar la provincia el titular de Salud de la Nación, Héctor Lombardo, Mazzolleni andaba a los brincos participando del safari Desafío Patagónico.

Es cierto que al asumir comunicó a Verani que en febrero se tomaría una semana para brincar.

Pero no lo es menos que en una instancia compleja para el gobierno, a muchos radicales la conjunción viáticos/ brincos les viene bien para abonar su resistencia a todo lo que huela a Arriaga. Por esta razón, conspicuos radicales sonreían ayer cuando Mazzolleni estaba bajo allanamiento.

En política se puede ser de todo, menos inocente.

Y quizá Mazzolleni lo es. 


El médico Pedro Mazzolleni no llegó a secretario de Salud Pública por desborde de talento para el cargo.

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