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Bush suma problemas: ahora las armas biológicas

Pretende no firmar el protocolo que impide su diseminación





Washington.- El Gobierno de EEUU estudia la posibilidad de no firmar el borrador de protocolo de verificación de la Convención de Armas Biológicas que se negocia en la sede de la ONU en Ginebra, lo que aumentaría los problemas con sus aliados europeos.

Un documento confidencial elaborado por altos cargos del gobierno de George W. Bush ha recomendado que Washington no acepte ese borrador, destinado a asegurar el cumplimiento de la Convención, que prohíbe las armas biológicas, informó ayer el «New York Times».

Según el documento, el protocolo no tendría medios para evitar que algunos países incumplieran la convención, y esas deficiencias no podrían solucionarse antes del plazo límite marcado para la negociación, noviembre próximo.

La Casa Blanca no ha tomado todavía una decisión definitiva, señala el diario.

El problema para Bush y su gobierno es que una posible negativa oficial al borrador le supondría problemas aún mayores con sus aliados europeos y dentro de la ONU, en vísperas de la primera gira europea del presidente.

La retirada de EEUU del Protocolo de Kioto para la reducción de emisiones causantes del efecto invernadero, y la intención de abandonar el tratado ABM para pone en marcha la defensa antimisiles han dejado a Washington muy expuesto a más críticas por acusaciones «unilaterales» al margen de la comunidad internacional.

Un ejemplo han sido las recientes derrotas de EEUU para continuar en dos organismos de la ONU: la Comisión de Derechos Humanos y la Junta Internacional de Fiscalización de Estupefacientes, debidos tanto a una mala estrategia de Washington como a un aparente deseo de castigo en varios países miembros.

La Convención de Armas Biológicas fue firmada en 1972 por 143 países, y su texto prohíbe el desarrollo, producción y posesión de armas biológicas, aunque carece de medios para garantizar su aplicación y cumplimiento.

El gobierno de Bill Clinton consideraba el protocolo como un punto importante para evitar la diseminación de armas biológicas, pero la nueva administración republicana de Bush tiene una percepción diferente. (EFE)

Polémica por el plan energético

Washington.- El plan energético de la Casa Blanca, uno de los proyectos más ambiciosos del nuevo gobierno republicano, ha vuelto a mostrar el papel clave que juega en el gobierno el vicepresidente, Dick Cheney, que se convierte así en la diana de los que se oponen al plan.

El plan fue elaborado, bajo la dirección de Cheney, por grupos de expertos que se reunieron durante meses en la Casa Blanca a puerta cerrada, lo que alimentó las acusaciones de que favorecía a las grandes empresas del sector.

Cheney defendió ayer con firmeza el plan, que definió como «equilibrado» entre el incremento de la producción y el fomento del ahorro energético.

«Escuchamos a todo el mundo. El gobierno no funciona con secretismo», aseguró Cheney, aunque reconoció que él no se reunió con ningún grupo de defensa medioambiental durante la elaboración del programa.

El proyecto recomienda la construcción de un mínimo de 1.300 centrales eléctricas alimentadas por carbón, petróleo o energía nuclear, lo que le ha valido críticas por su reducción en la financiación de energías renovables.

Hasta que se unió a la campaña de Bush, Cheney era presidente de Halliburton, la mayor compañía de servicios a la industria petrolera, y el propio presidente fue, antes de ser gobernador de Texas, ejecutivo de una gran empresa del petróleo en ese Estado.

El sector de la energía contribuyó con unos 40 millones de dólares a la campaña presidencial republicana. (EFE)


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