Cada vez hay más piletas, pero falta regulación

En Bariloche hay 55 piletas habilitadas y pedidos en trámite. Hay una ordenanza en estudio para regularlas.





BARILOCHE

El número de natatorios de uso comercial en esta ciudad no para de crecer, apuntalado en buena medida por el auge de la hotelería de alta gama, pero la normativa vigente está lejos de garantizar la seguridad para los bañistas.

La fiscalización se la reparten entre Salud Ambiental de la provincia y las áreas de Deportes y de Inspección General del municipio.

El seguimiento regular incluye la sanidad del agua y el estado de los vestuarios. Sin embargo la mayoría de las piletas no tienen guardavidas y tampoco hay una exigencia de revisación médica para todos los usuarios.

El Concejo Municipal tiene en análisis desde el año pasado una ordenanza para regular el rol de los guardavidas y de allí se derivaría la obligación de contratar profesionales en todas las piletas, cualquiera sea su tamaño. Pero el tratamiento del proyecto está trabado en la comisión de Gobierno y Legales.

Actualmente existen en Bariloche 55 natatorios habilitados, según la precisión brindada por Analena Santagni, de Salud Ambiental. Dijo también que hay otros pedidos “en trámite” y que las consultas son permanentes.

Sólo dos de los natatorios (Pehuenes y Piletas del Nahuel) tienen dimensión acorde para la práctica deportiva y la realización de competencias. El resto son piscinas más chicas y pertenecen a hoteles y complejos de bungalows. También hay dos jardines de infantes con piletas habilitadas.

Pero aun con esa cantidad -difícil de encontrar en otras ciudades similares- la regulación vigente deja mucho que desear.

El titular de la Asociación de Guardavidas local, Juan Manuel Güiraldes, dijo que en Buenos Aires también hay muchos hoteles con pileta y a todos se les exige la presencia un guardavidas con título habilitante.

Explicó que en Bariloche el problema es también “la multiplicidad de tareas”, ya que algunos hoteles suelen contratar un guardavidas, pero no puede ejercer su función porque también les encargan que “salgan con los pasajeros” y dejan la pileta sola.

Desde Deportes del municipio admitieron que es frecuente que la seguridad en el natatorio quede a cargo de cualquier persona, sin título, a quien se le encargan también tareas administrativas y de limpieza.

La fuente consultada aceptó que hace falta una regulación urgente, pero que “obviamente hay resistencias, porque significará automáticamente un costo mayor” para los dueños de las piletas.

El mismo vacío normativo, señalo Güiraldes, permite que los campings con costa lacustre, que reciben en verano cientos de bañistas, también funcionen sin guardavidas. Ese servicio sólo está garantizado en las playas públicas municipales.

Santagni explicó que para abrir una nueva pileta destinada a la explotación comercial su titular debe tramitar primero la habilitación municipal, que depende de la aprobación de planos por parte de obras particulares.

Luego Salud Ambiental otorga el visto bueno en materia sanitaria, con requerimientos sobre clorinadores, PH del agua y valores bacteriológicos. También verifica los vestuarios y realiza inspecciones periódicas, incluido análisis del líquido. El organismo provincial cuenta con una resolución que establece las sanciones ante cada falta, que pueden llegar a la clausura preventiva.

Sin embargo, no hay exigencia puntual sobre el control médico de los bañistas. A quienes adquieren por ejemplo, un abono mensual o quincenal se los suele enviar “a revisación”, pero los usuarios eventuales ingresan sin certificado alguno.

Tampoco hay guardavidas presente en todas las piletas, lo que significa un riesgo potencial para los bañistas y un ahorro para los propietarios de los complejos.

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