Cada vez más cerca de una guerra de monedas

Lentamente los países comienzan a protegerse mediante devaluaciones competitivas, en una carrera que pone en peligro el comercio global en el 2015.



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ECONOMÍA GLOBAL

A medida que se acerca el final del presente año, el contexto económico global se agita cada vez más. Viejas tensiones macroeconómicas, entrelazadas con decisiones de política energética y posicionamientos estratégicos, hacen que los principales países del mundo comiencen a tomar una posición de autoprotección, la que en términos económicos se la conoce como “Guerra de monedas”.

El concepto que subyace en tal posicionamiento de los estados nacionales es el de competitividad. El mismo se explica sencillamente mediante la ecuación del tipo de cambio real (TCR), el cual es igual a E.P*/P, donde E=tipo de cambio nominal, P*=precio internacional de los commodities, P=precio de los bienes domésticos (internos).

La igualdad es una expresión de los precios relativos entre los bienes que se transan en el exterior y los que se comercian internamente. Una depreciación del TCR (sube TCR) significa que el país es más “competitivo” respecto del resto. Es decir, los bienes argentinos se hacen más baratos para los extranjeros y los que son importados, más caros a nivel interno. Ello sucede cuando sube E, mediante una devaluación; cuando sube P*, sobre el cual los países no tienen influencia directa; o cuando baja P, es decir cuando se reduce la inflación.

Cuando se aprecia el TCR (baja TCR), el efecto es el opuesto, los bienes argentinos se encarecen en el exterior y resulta más atractivo importar, con lo cual el país es menos competitivo.

Habitualmente, la dinámica de la economía global hace que las paridades de monedas a nivel mundial se equilibren, permitiendo que cada país pueda producir y crecer a nivel interno e intercambiar con el resto del mundo.

Sin embargo, en contextos de alta incertidumbre política y/o económica, o cuando alguna de las variables sobre las que se sostiene el sistema económico global se modifica, los países deciden proteger sus propias economías, intentando adelantarse a los países socios o vecinos, devaluando sus monedas y ganando en competitividad. Este efecto positivo tiene corta duración. Si los demás deciden tomar la misma actitud, se inicia la mencionada guerra de monedas. Una vez iniciada la puja por la competitividad, el efecto inevitable es la caída en los volúmenes totales transados a nivel mundial.

Así, la baja abrupta en el precio del petróleo crudo, las tensiones entre Rusia y Europa en torno al gas ucraniano y la posibilidad latente de una suba de tasas de interés de la Reserva Federal de Estados Unidos hacen que el año culmine con devaluaciones en distintos puntos del globo. Sólo en el segundo semestre del año, el real brasileño se devaluó un 21%, el peso chileno un 12%, el euro un 18% y el rublo ruso un 90%. En el mismo período, el peso argentino se depreció apenas 5%.

Tal como se explicó precedentemente, la foto se completa analizando la inflación o el incremento de precios en cada país. Aquellos que más devaluaron son los que al mismo tiempo tienen una inflación más acotada. En este grupo, Chile tiene una inflación anual del 5%, Brasil del 7% y la Eurozona del 1%. Respecto de todos ellos, la Argentina ha perdido competitividad en el último tramo del año, siendo el caso de Brasil el más preocupante por la estrecha relación existente en el marco del Mercosur.

La situación es compleja en Rusia, donde la divisa norteamericana se devaluó un 95% en el último semestre y un 12% sólo en la última semana. Ante la emergencia, Putin decidió sacar a la calle u$s 7.000 millones en un solo día a fin de contener la demanda de dólares.

A la vez, la inflación en Rusia es del 8% según las estadísticas oficiales y del 15% según las mediciones alternativas. Es decir que, en el caso de Rusia, la pérdida de competitividad de los productos argentinos resulta altísima.

El dato es sumamente preocupante para el sector frutícola de nuestra región, el cual se verá en serias dificultades la próxima temporada para recuperar los costos.

Los datos revelan el porqué de la insistencia de los especialistas en cuanto al atraso del tipo de cambio en la Argentina.

Demuestran también la razón por la cual no pocos creen que el tipo de cambio oficial a $ 8,56 no durará demasiado.

Redacción Central


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