Cada vez más problemas de convivencia en barrios 

Toda la gente está acostumbrada a convivir con los diferentes criterios entre los vecinos. Sin embargo, a veces, las disputas se profundizan y hacen imposible la vida de las familias. Los mayores problemas se presentan en los barrios tipo monoblocks que en una época construía el IPPV. Una de las quejas cotidianas es contra los jóvenes que se reúnen en las calles internas. Desde el Instituto se asegura que las diferencias deben zanjarse en los consorcios.



 La actitud de grupos adolescentes en la calle se constituye en uno de los temas de debate en la convivencia barrial. El año pasado, los vecinos de los barrios América y 20 de Junio de Viedma se presentaron al Defensor del Pueblo por “la presencia de patotas que perturban la convivencia”.

Aludieron la existencia de “vandalismo, daños, amenazas, prostitución, drogadicción, alcoholismo”.

Se requirió información al municipio que aludió que el Centro de Jubilados y Pensionados -ubicado en el barrio- “no cuenta con habilitación comercial y que en reiteradas ocasiones se recibieron denuncias por ruidos molestos”.

Por su parte, la policía recordó reuniones para realizar una “tarea preventiva en conjunto e intentando involucrar a los vecinos”.

También recordó un llamado particular para analizar “el control de expendio de bebidas alcohólicas y horarios de cierre”. Pero, aclaró que solamente concurrieron dos comerciantes y por esto, no se pudo entrar en un análisis profundo.

Contrarrestando los dichos de los vecinos, la nota policial enumera sólo 21 causas, sin incluir casos de prostitución, drogadicción o vandalismo.

Lo más curioso es que la policía entendió que el reclamo presentado se enmarcaría en una “disputa por espacios de poder entre los peticionantes y las autoridades de las juntas vecinales”.

Cuáles son las protestas habituales de la gente

Las razones que afectan la convivencia son de las más variadas. Así, queda evidenciada en las denuncias formalizadas ante el Defensor del Pueblo.

Por un ejemplo, un vecino de Viedma manifiesta que “arriba de su vivienda está la terraza donde los niños del barrio juegan permanentemente a la pelota, andan en patines, lo que resulta imposible vivir y descansar”.

Después, agregó -en otra denuncia- que “se instaló una pileta” y se rompió la loza, permitiendo que la lluvia se filtre.

Una habitante de un barrio de Roca expone su malestar por “la filtración de agua proveniente de un departamento superior y provoca inundaciones en forma total en cocina, baño y habitación, con deterioro de paredes y techo”.

En el listado de la defensoría, una vecina del Barrio Guido de Viedma denunció a una señora, que vive con 11 personas, en un departamento vecino desde donde insultan y amenazan a todos.

Otra presentación correspondió a la actitud agresiva de personas instaladas en la escalera del mismo barrio capitalino, que después concluyó con la desadjudicación por parte del IPPV.

Asimismo, una denuncia también alude a que está clausurado el acceso a la terraza por “portón colocado por el adjudicatario del departamento para tener un perro de gran porte”.

Pero además, el denunciante agrega que necesita contar urgente con “la terraza ya que un hijo tiene problemas de hiperactividad y se encuentra bajo tratamiento médico”.

Entre otras denuncias, un habitante “manifiesta que una vecina domiciliada en el primer piso del mismo barrio agredió de palabra a su esposa” y destacó que desde entonces “la vida en convivencia se ha convertido en un verdadero calvario para su familia”.

Los barrios de viviendas individuales también reflejan sus quejas. En San Antonio, un adjudicatario elevó una denuncia porque su “vecino tiene un perro que ocasiona molestias por su suciedad”.

El IPPV aclaró que la prohibición de la tenencia de animales existe para los conjuntos habitacionales de propiedad horizontal y este no es el caso.

Aún así, el vecino retiró “el perro de la pared medianera y efectúo la limpieza correspondiente”. (AV)


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