Cae el primer muro de Israel





Cae uno de los peores recuerdos del conflicto árabe-israelí. Mientras el Ejército de Israel se afana en seguir levantando el implacable muro que divide Cisjordania, dice querer pasar página a uno de sus capítulos más trágicos vividos durante la segunda Intifada: el muro de dos metros de alto y 600 de largo que separaba la colonia judía de Guilo y la ciudad palestina de Beit Jala está siendo desmantelado. De dos en dos, la grúas se irán llevando en un plazo de dos semanas los 800 bloques de cemento que han separado durante nueve años a estas dos localidades, ambas situadas al sur de Jerusalén y pésimas vecinas durante los cinco años que duró la Intifada (entre el 2000 y el 2005) a pesar de los escasos 300 metros que las separan. “Durante aquellos años las bombas y los disparos contra Guilo eran habituales. La gente tenía miedo aunque no hubiese muertos y era muy incómodo levantarse y vivir aquí”, afirma el capitán Aryesh S. Shalicar, portavoz del Ejército israelí. “Pasaron demasiadas cosas y construir un muro era la única solución contra los francotiradores”, añade mientras las grúas arrancan a sus espaldas bloques de hormigón envueltos en grafitis. Ocupado por Israel en 1967 y considerado hoy por el país como un “barrio” más de Jerusalén, Guilo es a ojos del Tribunal Penal Internacional uno de los asentamientos judíos ilegales en suelo palestino. El muro que lo separa de la localidad de Beit Jala impresionó a los vecinos de ambos lados en el 2001, cuando empezó a ser construido. Por aquel entonces israelíes y palestinos no habían oído hablar de otro tabique de hormigón que no fuera éste y quedó en la memoria de Jerusalén como uno de los símbolos del segundo levantamiento popular palestino. “La situación ahora es relativamente segura. Las cosas han cambiado desde la Segunda Intifada. En el otro lado la calidad de vida empieza a ser mejor y cada vez hay más cooperación entre las autoridades israelíes y palestinas. Sin duda la situación mejora y no necesitamos esta valla de protección”, afirma el capitán Shalicar. El portavoz advierte sin embargo que “es igual de fácil quitar el muro que volver a ponerlo”. “Esperamos que no haya nuevos ataques en el futuro que nos obliguen a levantarlo de nuevo”, añade. “Es una especie de gesto para las dos partes: por un lado los vecinos de Guilo tienen que aprender a confiar más, a creer que se puede vivir sin un muro que los proteja, y por otro los vecinos (palestinos) deben interpretar este gesto como una oportunidad. Si no quieren ver más muros a su alrededor deben mantener la situación en calma tal y como está hoy”, añade el capitán. Para Nomi, que viven en una de las casas situadas justo frente a la colorida muralla, éste es un “gran momento”. Lo dice todavía con la sorpresa de haberse topado con las grúas debajo de casa tras llegar de las vacaciones. Mientras otros vecinos se quejan y alegan que viven “más seguros” con el muro, Nomi se alegra de tener mejores vistas desde su terraza y va más allá: “Mi verdadero sueño es que derriben ése de ahí”, dice señalando el “verdadero muro”, el que atraviesa ya cerca de 500 kilómetros de Cisjordania en bloques de ocho metros de alto y avanza hacia su casa justo detrás del que acaban de derribar. “Sueño con que nuestros vecinos palestinos vengan a visitarnos y nosotros podamos cruzar allá. ¿Quién necesita ese muro? No lo necesitamos, con él sólo conseguimos que los palestinos se sientan inferiores a nosotros. Lo que tenemos que hacer es permitirles que vivan bajo mejores condiciones para que no tengan que recurrir a los atentados”, dice Nomi. Mientras Jerusalén Este sigue asfixiado entre las paredes del “verdadero muro”, como lo llama Nomi, Israel tira el primero que separó a judíos y palestinos en la Ciudad Santa. Sobre los 150 metros que ya han quedado limpios de hormigón se adivinan sin dificultad un carril bici o un paseo, pero la municipalidad de Jerusalén no se ha pronunciado por el momento sobre ningún plan urbanístico. Mientras tanto, el Ejército se reserva dos cosas: por un lado los bloques de hormigón, que guardará bajo llave en instalaciones privadas, y por otro el beneficio de la duda: “¿Quién sabe si tendremos que volver a ponerlo?”, se pregunta el capitán del Ejército.

LAURA VILLENA DPA


Comentarios

Para comentar esta nota debes tener tu acceso digital.
¡Suscribite para sumar tu opinión!

Suscribite

Logo Rio Negro
Cae el primer muro de Israel