Calidad institucional y desarrollo

por Aleardo F. Laría



En el marco de la XV Cumbre Iberoamericana, recientemente clausurada en Salamanca, se reunió un grupo de economistas latinoamericanos. Entre los convocados cabe mencionar a Sebastián Edwards (Universidad de California), Ricardo Hausmann (Universidad de Harvard) y José Luis Machinea (CEPAL). El resultado ha sido un documento que profundiza en una serie de consensos que tuvieron un primer esbozo el año pasado en la denominada Agenda de Barcelona para el Desarrollo.

Entre las conclusiones más importante se destaca la que señala la calidad institucional democrática como una condición necesaria para generar crecimiento económico sostenido. Los mayores enemigos de la calidad institucional, según estos expertos, son las prácticas vinculadas al clientelismo político y la corrupción. De allí que su primera recomendación sea combatir decididamente estas lacras tan profundamente incrustadas en la piel de América Latina.

La fragilidad institucional tiene costos económicos. Las prácticas corruptas refuerzan la falta de confianza de la ciudadanía en las instituciones públicas, al considerarlas incapaces de ofrecer los bienes públicos (salud, seguridad y educación) que la sociedad requiere. Los ciudadanos no se sienten estimulados a pagar los impuestos, pero con su comportamiento erosionan el pacto fiscal y contribuyen a la ineficiencia del Estado.

Otra recomendación, para un subcontinente donde la desigual distribución de riqueza y la falta de movilidad son las más altas del mundo, pasa por aumentar la inversión en desarrollo humano. Para incorporar a los pobres al proceso de crecimiento hay que reducir la desigualdad de oportunidades. Esto se consigue dando prioridad a las políticas sanitarias y educativas. No sólo brindando una correcta cobertura, sino asegurando también un elevado nivel de calidad en esas prestaciones.

El fortalecimiento de la integración regional es otro de los consensos básicos que recoge la nueva agenda para el desarrollo. Esta mayor integración debe conseguirse coordinando las infraestructuras, las comunicaciones y promocionando las vinculaciones empresariales entre los países. Señalan la creación de anillos energéticos como un paso en la buena dirección. Es necesario fomentar la promoción de exportaciones innovadoras, y para ello se requiere un apoyo eficiente del Estado.

Los economistas reunidos en Salamanca recomiendan también afinar una gama de instrumentos que ayuden a mitigar los efectos nocivos de la excesiva volatilidad de los flujos financieros en estos tiempos de globalización. Lo que es perfectamente compatible con favorecer, al mismo tiempo, aquella inversión extranjera directa que facilita la modernización del aparato productivo, mejora la productividad y aumenta las exportaciones.

En su documento, los expertos recomiendan que el diseño de una agenda para el desarrollo, en cada país latinoamericano, sea producto del acuerdo entre los actores económicos y sociales. Sólo alcanzando estos consensos básicos es posible garantizar la estabilidad de las políticas a largo plazo. Como todo proceso de modernización es una tarea lenta, que requiere perseverancia, sólo manteniendo las políticas en el tiempo se consiguen resultados.

El Estado no puede estar ausente de ese proceso, apoyando y coordinando esas acciones. Pero sin que ello implique sustituir al sector privado como motor del crecimiento. El mercado constituye indudablemente un institución fundamental. Pero junto con la expansión y perfeccionamiento de los mecanismos de mercado, es sustancial conseguir también un mejor Estado. Para ello es indispensable establecer mecanismos de fiscalización, evaluación y monitoreo de la acción pública.

Los economistas reconocen que Latinoamérica ha logrado meritorios avances en la disciplina macroeconómica, y que éste es un dato que ya se ha incorporado a la cultura económica de nuestras sociedades. No les falta razón. Después de tantos vaivenes acunados por la ideología, por fin se han impuesto políticas económicas pragmáticas, evaluadas según sus resultados. No es casual que en el 2004 la región alcanzara una de sus mayores tasas de crecimiento del último cuarto de siglo.


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