Caló: bajo perfil, pragmatismo y lealtades

Señalado como candidato de Cristina para presidir la CGT, el líder de la UOM fue discípulo de Lorenzo Miguel y ahora rechaza el personalismo de Moyano y sus intentos de reelección.





BUENOS AIRES (ABA) . – Quien está a punto de convertirse en líder del sector de la CGT “oficialista” – o del polo antimoyanista-, Antonio Caló, tiene una dilatada trayectoria en el sindicalismo desde que creció a fines de la década del 60 al calor de aquel hombre fuerte de la Unión Obrera Metalúrgica (UOM), el polémico Lorenzo Miguel. Caló conoció a Miguel -según biógrafos de ambos- en la fábrica Pirelli ubicada en Mataderos y en 1972 se convirtió en su asesor. El primero luego alcanzó la jefatura de Gremiales de la UOM, Capital Federal, fue administrador del Policlínico Central de Metalúrgicos hasta pasar a la UOM nacional ocupando la titularidad del departamento de Acción Social. Aunque parecía que otro dirigente (Roberto Monteverde) podría disputar la condición de sucesor de Miguel, los influyentes Naldo Brunelli, Hugo Curto o el Barba Gutiérrez (estos últimos actuales intendentes de Tres de Febrero y Quilmes respectivamente) terminaron inclinando la balanza hacia Caló. De acuerdo a estudiosos del gremialismo, se debió en parte a que Monteverde involucró de manera excesiva a Miguel con el ex presidente Carlos Menem cuando el desempleo ya impactaba de lleno en la actividad industrial. Aún cuando Caló reconoció haber votado a Menem y luego a Eduardo Duhalde (en trayectoria similar a casi todos los dirigentes sindicales), mantuvo distancia respecto al ex presidente riojano. En 2004 Caló fue catapultado a la jefatura de la UOM. El año anterior había tomado su primer contacto con Néstor Kirchner, a partir de una reunión organizada por el metalúrgico y diputado nacional Carlos Gdansky. Tiempo presente Con 65 años cumplidos Caló se mantuvo como férreo defensor del kirchnerismo mientras Hugo Moyano (quien acaba de ser reelecto por segunda vez al frente del segmento opositor de la CGT) se fue alejando. Cultor del bajo perfil y lejos de discursos altisonantes, la personalidad de Caló no podría estar más alejada de la del líder de los camioneros. Desde hace un par de años circulaba la versión de que el secretario general de los metalúrgicos era el preferido de Cristina Fernández como interlocutor sindical. En mayo una actitud de Caló “hizo ruido”. Fue cuando amenazó con un paro si no se concedía un aumento salarial del 23% y un plus para su sector. La cuestión se zanjó y el metalúrgico se reposicionó. Por esos días le concedió una entrevista exclusiva a “Río Negro” en la que remarcó que sus diferencias con Moyano pasaban por el “excesivo personalismo” de este último y su ambición a una nueva reelección. En aquella conversación con este diario, Caló consideró que el Estado debería tener el control de servicios como el gas la luz y el gas. Se estaba definiendo la nacionalización de YPF. A quienes le cuestionan su apego a la actual administración, Caló responde que mientras su gremio tenía 40.000 afiliados a mediados de los 90, actualmente tiene 250.000. Sus puentes directos con la Rosada son el secretario Legal y Técnico, Carlos Zannini, y el ministro de Planificación, Julio De Vido. De todos modos, Caló no parece ser un reformista. Su número dos, Juan Belén, calificó a las comisiones internas que endurecían medidas de fuerza como de “zurda loca”. Además Caló cuenta con el respaldo de los “Gordos” Oscar Lescano (Luz y Fuerza), Armando Cavalieri (Comercio), José Lingeri (Obras Sanitarias), Gerardo Martínez (UOCRA), Omar Maturano (Ferroviarios) y Omar Suárez (portuarios), así como los ex moyanistas Omar Viviani (taxistas) y Jorge Lobais (textiles). Más allá de las diferencias, tal vez un calificativo lo aúna al 90% de los popes sindicales: Pragmatismo.


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