Canabislito Funk, una promesa de buen arte

Es una de las mejores bandas jóvenes de la región. Cumplieron tres años juntos





ROCA (AR).- Nunca olvidarán la noche en la que Daniel Piazzolla atravesaba la puerta de ese pub en Roca exactamente cuando los acordes de la banda homenajeaban a su mítico abuelo Astor Piazzolla.

Canabislito Funk pudo esperar. Esperó tres años para que el próximo 11 de agosto grabe su primera placa en vivo en una disco de Neuquén. El modo de vida de los músicos -dicen- hizo que todavía el nombre del disco espera ser sacado de una galera. La formación integrada por Hugo Piriz en la batería, Martín Zárraga en la guitarra, Gustavo Giannini en el bajo y Juan Frades en percusión cumplió en fin de semana pasado tres años en la noche Valletana. La convivencia perfecta arriba del escenario de los cuatro músicos se funden en el todo armónico y espiritual.

A lo largo de la entrevista con «Río Negro» Gustavo Giannini comenta cómo fue que Canabislito Funk se convirtió en el mejor grupo para encauzar su proyecto musical. El bajista comparte After Circus con el legendario local Enrique Caneo; Ahora lo invitaron a Basta Fuerte; y también acompaña a Luis Cide en alguna presentación de jazz.

El martes en el pub de La Pampa 1574 Giannini habló de las ganas de aprender, de elevarse de la propuesta de la zapada inicial para proyectarse como un artista que trabaja, dejando de lado el lugar común de la solemnidad. Aunque no lo reconozca con sólo 22 años es uno de los músicos más talentosos de todo Roca.

Su instrumento es el bajo, eco de fondo, corazón de la banda que palpita con una arritmia contradictoriamente precisa, prolija, implacable. Asegura que para mantener una convivencia musical, «hay que tocar y dejar tocar» una consigna susceptible a ser boicoteada en el fragor del recital en vivo.

Canabislito, es la banda que hace tiempo esperaba a Giannini, la formación exacta, la descripción de los rincones de Roca bajo metáforas acústicas con la nostalgia del tango y la rebelde aceleración del funk.

-Veo que te gusta mucho el tango, ¿no?

-Sí. Me atrae fuertemente Piazzolla, me influye mucho.

-Tomaste algunas de «Contrabajeando» para componer el tema «Piazzolla», ¿cómo las pensaste?

-Las compuse con la guitarra, fue una época en la que me sumergí en la música de Astor.

-¿Con que imágenes asocias el tango?

-Me remonta mucho a ese gran músico que es Astor, pero a la hora de componer no me viene alguna imagen en especial, es algo que se va dando nota tras nota sin pensarla demasiado, es una cuestión de inspiración. Estoy muy pendiente de sentir la música, me pongo como un oyente más. Lo que tocás tiene que sonar lindo, aunque sena dos notas.

Hay gente que entra en una especie de psicosis, casi ni escucha lo que toca…

-Claro, a muchos los envidio, yo no puedo hacer eso, tengo que estar pendiente de qué está haciendo el baterista, la guitarra… hay juegos que surgen espontáneamente.

-¿Cómo empezó lo de Canabislito?

-Zapando, yo vivía en Villa Regina, allí tenía una banda que se llamaba Mary Jane, que hacíamos Reggae. Cuando vine a Roca no tenía banda. Allá tenía una en mi época punk. De los 13 a los 17 toqué mucho pero me quedé estancado. El rocanrol me gusta.

-¿Cómo hiciste para fusionar los tiempos de tango y rock?

Después de conocer a Andrés Furh empecé a tocar el contrabajo y a escuchar más jazz, eso se lo debo mucho a él. Andrés me fue metiendo en en el mundo de ese instrumento. «Escuchá a este tipo, me decía». Después me enganché en el mundo del jazz y no pude parar. El oído se me fue adaptando a cosas más complejas. Igual, la mejor época como en la del Valiant Azul tocábamos en un lugar de Roca en un lugar muy chico, donde la gente se paraba arriba de las mesas, buenos tiempos.

-¿Cuando encaraste Canabislito, paraste la bola para tocar en serio?

-Se dio de manera muy casual, con Martín y El Chula nos conocemos de chico del mismo barrio. Nunca aposté demasiado, me pareció que no íbamos a llegar a ningún lugar, y acá estamos, vamos, estamos cumpliendo tres años. Al principio era pensada como una banda de funk con vocalista, pasaron muchos y no nos gustó ninguno. Ahora no nos imaginamos algún cantante, estamos pensando en incorporar un bandoneonista, otro instrumento, queremos también un violín, otras cosas.

Tocamos una vez con Canabislito en un pub y justo estaba la Giusti, ahí tocaba la batería el nieto de Astor Piazzolla, Daniel. Ellos estaban en el teatro de la Estación y cuando se cruzaron al pub estábamos haciendo nuestro tema «Piazzolla», justo cuando Daniel atravesaba la puerta. Lo partimos, fue una casualidad, un homenaje.

-¿Cómo compusiste ese tema?

-Casualidad también. Yo tenía una guitarra rota de tres cuerdas, la quinta, segunda y la tercera, y son justo los acordes que pueden armarse para un tango. Tonos muy piazzolescos, los dos tangos que tenemos fueron compuestos con guitarras de tres cuerdas. A Martín se lo pasé así, y tuvo que ensayar, a tres cuerdas.

-Contame algo insólito.

-Estamos haciendo un proyecto que queremos presentarlo, todo a dos bajos, preparado con temas de jazz y nuestros. Y también, tenemos la idea con otros bajistas de hacer música clásica a cuatro bajos…

-Me podrías mencionar algunas de tus influencias.

-Pastorius, mucho funky, Krybal Tech, Bossa Nova, tango, quiero encontrar algo de Mederos, que dicen que es lo máximo…

-¿Dónde te sentís cómodo?

-Disfruto tocar con bandas con las que ensayamos más tiempo. Estuve sacando cuentas y toco como en cinco formaciones.

Ahora, el bandoneón

-¿Tenés algún referente de cómo pararte en el escenario con el instrumento?

-No, pero antes era muy tímido.

-¿De qué depende que una banda no se separe?

-Se tiene que notar una conexión entre los músicos, más bien espiritual. Algunas bandas parecen más un asunto económico en el que no se disfruta tocar. Canabislito es también un grupo de amigos, cada uno cumple su rol, de pegar los afiches hasta componer.

-El hecho de llevarse bien tiene que ver con no sobresalir a la hora de tocar?

-Claro, que ninguno se la coma de líder, tocar y dejar tocar. Siempre tenemos momentos para el solo de instrumento.

-¿Cómo es el futuro?

-Como músico, dando clases de bajo, aprender a tocar el bandoneón, estar en distintas bandas…

-¿Hay alguna conexión entre el bajo y el bandoneón?

-Si la hay no la encuentro. Son muy distintos, al bajo lo estoy mirando permanentemente.

-¿Te sentís limitado en el bajo?

-No, pero con el bandoneón puedo hacer bajos y melodías a la vez, eso es fantástico.

-¿Cuál es la esencia de cada instrumento, si es que la hay? El bandoneón es algo muy triste…¿Qué pasa con el bajo?

-Es el corazón de cualquier tema, la melodía la hace cualquier instrumento, como una trompeta, saxo o bandoneón. La ausencia del bajo en una banda es notable.

-Cuando te pega Piazzolla no te lo podés sacar de la cabeza…

-Completamente de acuerdo.

-¿Cuando no tocabas qué hacías?

-Estudié filosofía pero no me atrapó demasiado, así que después me aboqué de la música y quiero vivir de esto, no es un hobby es algo más serio, un trabajo.

-¿Te interesa internet, el futuro oficial?

-Nunca entré a una página de internet, no lo puedo pensar, sólo es música y no hay más que eso.

-¿Cómo sigue la banda?

-Con cosas como la de Rock del País. En Neuquén el público es muy bueno, nos sentimos como en casa. Y hasta a veces nos va un poco mejor.

El rock de acá

Las bandas de rock pertenecen al circuito obligado dentro de la geografía de la noche roquense y también neuquina.

Sólo basta recorrer un radio de cinco cuadras de ciudades como Neuquén o General Roca para entrar en el desconcierto de tener que elegir un lugar para el placer. Difícil es estar en dos lugares al mismo tiempo. En Roca, una ciudad con un movimiento cultural diseñado para una gran cantidad de habitantes, nadie puede de dejar de visitar espectáculos, no alcanza el tiempo. Por su lado en Neuquén se ha desarrollado una intensa actividad en distintos ámbitos artísticos, desde el teatro al los sonidos má duro de la bandas jóvenes.

En Roca, en un fin de semana, pueden coexistir cuatro o cinco bandas de rock, que se dispuntan casi los mismos oidos. «Banda Viajera», con un estilo clásico, muy duro para los amantes del Creedende Clear Water Revival; «Vagón Sureño», con una propuesta de estilo urbano que cobija historias; «After Circus» y, claro, «Canabislito Funk».

Adriano Calalesina


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