Capítulo II: el amor y la guerra

La fuerza está de regreso pero también el "Lado oscuro". Ayer se estrenó oficialmente en 74 países de todo el mundo, excepto en Sudamérica donde habrá que esperar hasta junio o julio, el segundo capítulo de la saga "La guerra de las galaxias", de George Lucas, "El ataque de los clones". La crítica asegura que supera en calidad al Capítulo I, "La amenaza del fantasma", que para muchos resultó una decepción. En este "Cultural", una visión de la saga, un infograma con los principales personajes y el recuerdo de las frases célebres del mundo del cine. Una de ellas de Darth Vader: "No subestimes a la fuerza".

El vapuleado «Episodio I: La amenaza del fantasma» fue una enorme decepción pero un tremendo éxito de taquilla. Y las reglas son claras, la taquilla decide por sí misma las posibilidades de una secuela. No las opiniones acerca de su calidad.

Las críticas hicieron referencia a la fragilidad del argumento, la aparición de personajes molestos como Jar Jar Binks y a su inmadurez, digamos, filosófica. Una lista que en algún modo encubría las verdaderas carencias del filme: el romance y un combate cuerpo a cuerpo a la altura de la historia.

En el «Episodio I» el amor apenas se intuye, germina entre Padme Amidala y Anakin Skywalker, y en cuanto a las contiendas entre Jedis y Sith, hay al menos dos que recordaron malamente a los filmes de artes marciales. Si se trata de luchas, Bruce Lee, Jet Li y divertido Jackie Chan han dado muestras de mayor espectacularidad.

El errático papel de los malos, la sensación de que en beneficio de los campeones morales -y éste es un defecto de raíz de la saga- el fuego maldito de Darth Maul se va apagando a través de los minutos, no deja molestar igual que lo hace una parva de mosquitos hambrientos en verano.

Los efectos especiales fueron, eso, especiales, pero no marcaron un antes y un después en el género como se suponía iba a ocurrir.

El mito se mantuvo vivo por una razón de peso: aún faltaba ver qué ocurriría con el «Episodio II», y éste, a su vez, tendrá a su favor, además de parte de la crítica especializada, ser el puente hacia el último capítulo de esta era -en rigor el tercero del ciclo-, instancia en la que Lucas promete el gran final del principio de la historia de «La guerra de las galaxias». Suena divertido.

«Casi todo lo que falló en «La amenaza» ha sido reparado, o por lo menos, mejorado esta vez», afirmó Todd McCarthy de Daily Variety después de ver los adelantos en el rancho Skywalker» en Marin County, California. Un punto a favor.

Uno en contra, de A.O. Scott de «The New York Times»: » «El ataque de los clones» no es una verdadera película, si por película se entiende una obra de narración visual sobre acciones dramáticas de un grupo de personajes interesantes».

Lucas tiene ambiciones extra artísticas aunque se ha ocupado de asegurar en Cannes que no le interesa la taquilla sino hacer buenas películas. Su intención con el «Episodio II» es romper varios récords. El de espectadores es uno. Por estos días le ha salido un digno oponente, la nueva película de «El hombre araña».

El tecnológico es otro. «La guerra de las galaxias» fue imaginada en su juventud pero sólo hasta hoy se han dado las condiciones para que pueda filmar, tal como su creatividad se lo dictó entonces, algunos de los capítulos más ambiciosos. «La guerra de los clones» fue registrada en un sistema digital de alta definición que permite hacer cosas que el celuloide no. Aquí es donde Lucas y Steven Spielberg disienten.

Uno de los beneficios del sistema quedará evidenciado en la actuación de Yoda, el viejo maestro Jedi, que por fin tiene la chance de mostrar su capacidad física como guerrero. Con un muñeco de plastilina o un títere, no hubiera sido igual. «Este ha sido el mayor reto, crear un Yoda totalmente digital y creíble para los seguidores de un personaje que en otras ocasiones no era más que una marioneta que apenas podía caminar», comentó Lucas.

El «Episodio II» se acerca a la historia oscura que atraviesa subterráneamente la saga por completo y que ocupará el centro del Capítulo III. La conversión del joven Anakin en «Darth Vader». La génesis de ese viaje sin retorno está relacionada con el amor y la madurez que casi siempre vienen acompañados de la decepción.

Finalmente Anakin se sentirá engañado por su propio maestro y encontrará uno nuevo en Darth Sidious, al que como todos saben, matará en «El regreso del Jedi» para salvar a su hijo, Luke Skywalker.

La saga hace del deber un elemento atractivo. Anakin está impedido de tener una relación amorosa con Padme Amidala, la joven reina, porque ha tomado los rigurosos votos de los caballeros Jedi (de igual forma no pierden el tiempo y la bella Padme queda embarazada de los mellizos).

Y si Luke Skywalker alguna vez miró con algo más que afecto a la princesa Leia Organa, debió abandonar sus hormonales esperanzas al enterarse de que se trataba de su… ¡hermana gemela!

Detrás del estreno de «El ataque de los clones» vendrá «Men in Black II» y «Austin Power», dos películas básicamente cómicas. Una situación que favorecerá al filme de Lucas porque su obra será la última oportunidad de la temporada para ver una historia romántica de grandes proporciones.

Algo parecido a lo que sucedió con «Titanic» de James Cameron, que repasó el colapso del legendario transatlántico a partir de una aventura amorosa, fórmula que funcionó en parte con la híper producida y criticada «Pearl Harbor».

«La guerra de las galaxias» utiliza elementos propios de un mito para mantener su vigencia en una combinación compleja, a ratos contradictoria y explosiva que, a lo largo de la literatura y el cine, en pocas ocasiones ha cuajado de la manera correcta: una genealogía extensa, dramas de índole moral, pujas por un poder soberano de consecuencias nefastas, héroes y villanos caracterizados en un escenario fantástico -¿hablamos del mundo real?

Sin establecer comparaciones, un ejemplo de esta fórmula argumental se repite en la obra de J.R.R. Tolkien, «El señor de los anillos» y en su posterior, y recaudadora, saga cinematográfica.

Los fanáticos más acérrimos de «La guerra de las galaxias», la han transformado en una religión de la que Lucas es el sumo sacerdote.

Son cientos de personajes los que viven a través del tiempo en este universo galáctico e innumerables los acontecimientos que lo constituyen. Por cada escena hay terceros y cuartos planos de lectura en los cuales obtener más información.

El final está cerca y esto alimenta la necesidad de sus acólitos, los excita y los entristece. Seguramente, Lucas encontrará, al calor de su chimenea, maneras dignas de continuar su obra mayor pero no las dará a conocer. Esos preciosos croquis quedarán en el último cajón de su escritorio esperando el día en que revele sus memorias o, quien sabe, se los llevará a la tumba. Ese será el precio de su inmortalidad.

Sin embargo, siempre Los Simpson pueden parodiar, como ya lo hicieron en «El imperio contraataca en Springfield», «El regreso del Jedi» o cualquier otro capítulo que haga falta.

Finalmente, la historia: han transcurrido diez años. La República gobernada por el Canciller Supremo Palpatine se desmorona. Todo indica que se trata de los estertores de la democracia. Un grupo separatista estalla en la galaxia y pone en jaque a los Jedis. Padme Amidala renuncia al trono para desempeñar tareas como senadora pero ella aún representa valores que Palpatine no quiere cerca. Atentan dos veces contra su vida y le asignan su seguridad al impetuoso jedi Anakin Skywalker. En su investigación para saber quién está detrás de los atentados contra la senadora el mentor de Anakin, Obi-Wan Kenobi, descubre que en el planeta Kamino se gesta una guerra de dimensiones colosales, ejército de clones incluido.

Que la fuerza los acompañe.

Claudio Andrade


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