Carlos Aguirre, piano sin prejuicios

ROCA.- El domingo a la noche, el mundo cambió por unas horas. Las teclas del piano paralizaron el reloj. La espera se hizo larga. Pero el momento llegó y esos dedos despertaron exquisitas melodías, en la madrugada. Las tenues luces completaron el ambiente. Simulaba un bar de antaño.

Zambas, milongas, chacareras y piano, mucho piano. La música popular argentina y latinoamericana fue la protagonista bajo el influjo jazzero de Carlos Aguirre. Poesías. La literatura fue partícipe de la velada. Un viaje a otro mundo.

Durante más de dos horas, el extraño personaje le puso sonidos al hall de la Casa de la Cultura. Lugar exótico para un concierto de piano. Pero los prejuicios acústicos debieron ser abandonados cuando la música llenó el ambiente. Nada convencional hubo allí. Sólo talento.

Para quienes lo veíamos por primera vez, ese hombre no coincidía con la imagen de lo que un pianista "debe ser". En este caso él mismo se encargó de evidenciar lo equívoco de ese concepto. La paz inundaba el espacio y a cada espectador ante cada tema que cantaba o sonaba en el instrumento. Aguirre no estuvo solo. La cantante roquense Mora Martínez y el chaqueño Coqui Ortiz prestaron su voz para que, en esos momentos, la sala tuviera otro significado.

El público acompañó todo el tiempo. Con silenciosa admiración al principio, pero, con el correr de los minutos, los aplausos dieron paso a los gritos y pedidos de repeticiones. El programa cuidadosamente preparado para el espectáculo se fue perdiendo. Pero el entusiasmo no se perdió, al contrario. Todo un logro del artista. Literatura. Chacarera. Milonga. Irremediablemente, los aplausos se los lleva el piano. Y ese músico -creador e intérprete- que hizo salir de él melodías de ensueño.

Una conjunción de elementos, acertada. Todo colaboró con el objetivo de embargar al auditorio, de llevarlo a otro momento, de olvidarse del lugar y la hora. De crearle nuevas necesidades. De viajar a ese río. De abrir una cajita de música. De escuchar. (AR).


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